“VENCERÉIS, PERO NO CONVENCERÉIS”: EL MITO DE MIGUEL DE UNAMUNO

El enfrentamiento entre Miguel de Unamuno y Millán Astray el 12 de octubre del 36 en Salamanca puede definirse como “una verdad multiforme y compleja”.

“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España”.

Habitualmente se nos ha enseñado, desde nuestra juventud, que estas fueron las palabras de don Miguel de Unamuno en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936, frente a un público en su mayoría falangista y frente a Millán Astray (fundador de la Legión) y Carmen Polo, la mujer de Franco. Posteriormente, tras las palabras del rector, Astray contestó a éste con los conocidos gritos de: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”.

Y si bien el mito se acerca en gran medida a la verdad, en realidad se desconoce lo que ocurrió exactamente aquel día. No existe ninguna prueba que certifique los hechos de forma detallada. No contamos con material grabado ni con artículos en prensa que recojan las palabras precisas pronunciadas por Unamuno aquella mañana de otoño, cuando apenas habían transcurrido tres meses de Guerra Civil.

A comienzos de 2018 el matrimonio Rabaté (Colette y Jean-Claude), los mayores especialistas en la figura de Miguel de Unamuno en todo el mundo, publicaron un libro que reconstruía todo lo sucedido en torno al escritor vasco durante los años previos y los meses posteriores al inicio de la Guerra Civil, concluyendo con su muerte el 31 de diciembre de 1936.

El libro En el torbellino. Unamuno en la Guerra Civil, editado por Marcial Pons, es un estudio extremadamente minucioso, casi policial, que recoge la amplia correspondencia privada de Unamuno durante aquellos meses, sus artículos en prensa y los escritos y notas que posteriormente dieron forma a la obra El resentimiento trágico de la vida.

Ante la falta de testimonios fiables, el completo trabajo de los Rabaté intenta reconstruir todo lo ocurrido alrededor de Miguel de Unamuno entre los meses de julio y octubre, para así acercarnos con mayor precisión a lo que verdaderamente pudo decir el rector aquel 12 de octubre de 1936. “Durante más de ocho décadas, estudiosos, periodistas e intelectuales han contado y repetido las mismas leyendas y las mismas mentiras, lo que ha contribuido a fortalecer un 12 de octubre mítico”, explica Jean Claude Rabaté.

Miguel de Unamuno y la II República

Unamuno regresa a España en 1930, tras un exilio de casi 6 años durante la dictadura de Primo de Rivera. “Unamuno fue a menudo víctima de la censura, multado y condenado a la cárcel (no cumplió las penas) y después confinado en Fuerteventura en 1924. Más tarde se autoexilió a Francia donde esperó cinco años el fin de la dictadura del General Primo de Rivera”, relata Jean Claude.

En 1931, con la instauración de la II República, Unamuno participa activamente en la vida política del país, llegando incluso a ser diputado independiente. Sin embargo, el ya anciano profesor, que siempre fue un entusiasta defensor de la individualidad, pronto se aleja de las primeras filas del escaparate político, pasando de nuevo a ser la habitual “china en el zapato” del poder. “El desamor de Unamuno no es hacía la República, sino hacia la política desarrollada por los distintos gobiernos de izquierda y de derecha”, detalla Rabaté.

Apoyo a los sublevados y posterior cambio de rumbo

“Ahora el mundo va por otros derroteros: fascismo o comunismo, que convertirán a los hombres en un inmenso rebaño… Hay que imponer el genio individual sobre la masa que todo lo invade”.

El 18 de julio se produce el levantamiento militar que da inicio a la Guerra Civil. Unamuno apoya al bando sublevado desde el principio, y su defensa del golpe militar se ve en Madrid como una enorme decepción. Su decisión se explica en En el Torbellino: “Unamuno desea creer que el golpe militar no es más que una rectificación de la República, un pronunciamiento para corregir la política pasada más que un golpe de estado”. Ahora, más de 80 años después, con la privilegiada visión que nos otorga el paso del tiempo, podemos afirmar que Unamuno erró en su diagnóstico de la situación.

Los meses avanzan y la figura de Unamuno, cada vez más aislada en Salamanca, es utilizada de forma propagandística por el bando sublevado. Se publican tres entrevistas suyas en periódicos extranjeros en las que sus palabras aparecen tergiversadas en favor de los golpistas. “Estas entrevistas, que se difunden más allá de las fronteras de España, forjan entre verdades y mentiras una imagen falseada de Unamuno, pero demoledora y duradera”, explica Rabaté.

A los pocos días de declarar su apoyo a los nacionales Azaña lo destituye del cargo de rector, pero poco más tarde Franco le devuelve todos los puestos de los que había sido apartado, lo que termina por atarlo más a la facción nacional. Aun así, el carácter individualista de Unamuno y su constante tendencia hacia la ambigüedad suscita dudas en el bando franquista. Un ejemplo de ello es un artículo publicado en Falange en 1935, que lleva por título una inquietante pregunta: “¿Unamuno es nuestro?”.

Miguel de Unamuno leyendo en su cama

Son en los meses de agosto y septiembre cuando Miguel de Unamuno comienza a cumplir un papel de mediador, ya convencido de que es imposible la paz. Recibe multitud de cartas de amigos y también desconocidos que le piden ayuda, que confían en su influencia para no ser encarcelados o incluso fusilados.

El rector observa que sus declaraciones en prensa se manipulan y por ello decide dejar de dar entrevistas. Se centra en su correspondencia y en escribir los apuntes de El resentimiento trágico de la vida. Su forma de comprender el conflicto va modificándose y comienza a equilibrar responsabilidades. Es en este momento cuando idea una frase que define ambos bandos: los hunos y los hotros. “Entre los hunos y los hotros están descuartizando España”, escribe.

Los sucesos del 12 de octubre

Unamuno, cansado ya a causa de la edad y en muchas ocasiones desorientado, llega al 12 de octubre, día de la Fiesta de la Raza e inauguración del curso universitario, decepcionado con el papel del golpe militar, ese en el que apenas unos meses atrás había confiado para instaurar un régimen democrático-liberal en España.

Unamuno y Astray se dan la mano el 12 de octubre de 1936 (Salamanca)

Al acto de inauguración, celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, asisten, entre otros, Unamuno (como rector), Carmen Polo (en representación de su marido Francisco Franco), el escritor falangista José María Pemán y Francisco Maldonado de Guevara, profesor catedrático en la Universidad de Salamanca.

El evento se desarrolla entre discursos bélicos y exaltaciones a la patria, alegatos propios de una situación de guerra como la que estaba viviéndose. Unamuno, que en principio no tenía previsto hablar, garabatea en el reverso de una carta que lleva en la mano una serie de conceptos como réplica a los discursos que van desarrollándose. Los brevísimos apuntes escritos en la carta, recogidos por el matrimonio Rabaté en En el torbellino, incluyen ideas como “vencer y convencer”, “odio y no compasión” u “odio inteligencia”.

Lo que dijo textualmente Unamuno se desconoce porque no existen grabaciones del acto, pero sabe que fue un discurso rápido, improvisado. A las concisas palabras de Unamuno contestó, se supone, Millán Astray de forma aún más escueta, entre gritos del público, “¡muera la intelectualidad y viva la muerte!”. Al día siguiente, un periodista de El adelanto que asistió a la ceremonia reprodujo en el periódico los discursos de forma resumida. El mismo periodista silencia, en cambio, la intervención de Miguel de Unamuno.

Entierro de Miguel de Unamuno en Salamanca, el 1 de enero de 1937

Las palabras de Unamuno, entendidas hoy como un acto de valor y de rectitud moral contra la violencia y la locura de la guerra, tuvieron consecuencias catastróficas para el rector. Esa misma tarde fue increpado y expulsado del Casino de Salamanca, lugar al que acudía todas las tardes para charlar con amigos. Fue destituido de todos sus cargos, el de rector y el de concejal, y se vio sometido a una especie de confinamiento velado en su propia ciudad.

Los últimos meses de la vida de Miguel de Unamuno, hasta su muerte el 31 de diciembre de 1936, son descorazonadores. Incluso su entierro, celebrado al día siguiente, es aprovechado por la propaganda falangista. “El día del funeral, sustituyendo a la familia y a los catedráticos, los falangistas se adueñaron del féretro para llevarlo hasta el cementerio. Un par de fotos en la prensa eternizó aquel momento”, relata Jean Claude.

Aislado y con un importante cargo de conciencia, Unamuno escribe, apenas 20 días antes de morir, una carta al director de ABC reveladora y trágica:

“Y ahora debo decirle que por muchas que hayan sido las atrocidades de los llamados rojos, de los hunos, son mayores las de los blancos, los hotros. Asesinatos sin justificación. A dos catedráticos, a uno en Valladolid y a otro en Granada por si eran… masones. Y a García Lorca.

Da asco ser español desterrado en España”.

Este reportaje se publicó en el número 105 de la revista ‘Conocer’ (marzo de 2019). La revista ‘Conocer’ es una publicación que pertenece al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s