50 años del nacimiento de Internet: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

En 2019 se cumplen 50 años de la creación de Internet. En apenas medio siglo, lo que en un principio nació como un experimento académico que tenía como fin mejorar las comunicaciones militares norteamericanas, el paso del tiempo ha acabado transformándolo en el pilar fundamental sobre el que desarrollamos nuestras vidas.

Resulta complejo establecer una fecha que determine de manera estricta el inicio de Internet. Sin embargo, si queremos ser rigurosos, debemos remontarnos 60 años atrás. Fue en el año 1959 cuando el ingeniero estadounidense Leonard Kleinrock presentó su tesis doctoral Information flow in large communication nets, un documento en el que se hablaba por primera vez de la “teoría del empaquetamiento y conmutación de mensajes”.

Este descubrimiento tecnológico resultó importantísimo porque, básicamente, permitió fragmentar la información en múltiples contenedores que después se enviaban por la red de forma independiente.

Seis años más tarde, en 1965, el National Physical Laboratory del Reino Unido dio con una técnica que posibilitó la transmisión de largos mensajes de datos separándolos en paquetes y almacenándolos temporalmente en nodos informáticos.

Por aquellos años, el Departamento de Defensa estadounidense, en plena Guerra Fría y atento a los avances informáticos que estaban realizándose, encargó la construcción de una red de comunicaciones que permitiese a las diferentes instituciones estatales y académicas intercambiar mensajes de forma segura. Así nació, el 29 de octubre de 1969, ARPAnet, el germen del Internet que actualmente conocemos.

El enigma original: la conexión de redes diferentes

Que la financiación de ARPAnet provino del ámbito militar es indiscutible. Sin embargo, el proyecto tuvo fines civiles desde el principio, como demuestra el hecho de que siempre fuera un plan público, no clasificado. De hecho, en los años 70 comenzaron a unirse a la red empresas e instituciones educativas, lo que prueba el interés de ARPAnet por desmarcarse del ámbito militar.

Es en este momento cuando comienzan a surgir redes similares en todo el mundo, aunque todas ellas con un inconveniente común: su incapacidad para intercambiar mensajes entre sí, pues utilizaban protocolos diferentes para la transmisión de datos. Esta cuestión, el gran problema original, impedía el desarrollo de ARPAnet fuera de las fronteras estadounidenses.

En 1971 se creó el correo electrónico y en 1974 se produjo otro hito clave: Vinton Cerf y Bob Kahnla publicaron el Protocolo TCP/IP, lo que dio solución al problema de interconexión entre redes diferentes. La instauración del TCP/IP fue algo así como la creación de un idioma común que todos los ordenadores del mundo debían conocer para poder conectarse entre sí a través de la red.

Vinton Cerf, uno de los creadores del protocolo TCP/IP

Establecido el anhelado lenguaje universal, es en 1991 cuando se produce el salto definitivo: el 7 de agosto de ese año Tim Berners-Lee presenta la World Wide Web, el sistema que permitió conectar distintas páginas web a través de hipervínculos, posibilitando así la creación de una enorme red de textos y documentos vinculados unos con otros.

“No fue hasta que apareció Berners-Lee cuando Internet llegó al público general. Hasta el momento se mandaban correos, ficheros… Pero con la web se empezó a intercambiar información”, explica Jorge J. Gómez, profesor de la Facultad de Informática de la Universidad Complutense de Madrid. De esta forma, junto con el desarrollo de los primeros navegadores, nació el Internet comercial.

El plan inicial de Berners-Lee, el de democratizar el conocimiento y la compartición de información, se mantiene hasta hoy, aunque solo en teoría, pues en términos prácticos la realidad indica que un reducido número de grandes empresas controla la información de los usuarios.

“Siempre he creído que la Web es para todos. Es por eso que yo y otros luchamos ferozmente para protegerla. Los cambios que hemos logrado traer han creado un mundo mejor y más conectado. Pero a pesar de todo lo bueno que hemos logrado, la Web se ha convertido en un motor de inequidad y división, influenciado por fuerzas poderosas que la utilizan para sus propios intereses”, escribió Berners-Lee hace escasos meses en un post público.

Somos Internet e Internet es nosotros

Ahora que sabemos cómo nació Internet, resulta necesario comprender cómo funciona la Red en la actualidad, en pleno 2019, con la magnitud e importancia que actualmente posee, y cómo nos afecta a nosotros, los usuarios.

Hacia mediados de la primera década del siglo XXI se desarrolló lo que popularmente se conoce como “la Web 2.0”. Según Jorge J. Gómez, “la Web 2.0. trajo consigo un nuevo concepto de tecnología. Los usuarios se convierten también en creadores de información y contenidos, y no solo en receptores. El acto de cocrear se puso de moda, y desde entonces no nos ha abandonado”. Ejemplos de Web 2.0. podrían ser las aplicaciones web, las redes sociales, las wikis o los blogs.

Nuestra relación con Internet es cada vez más intensa y compleja. Por ejemplo, a día de hoy resulta imposible comprender la gran mayoría de entornos laborales sin las facilidades comunicativas que otorga el correo electrónico. Sin embargo, a pesar de que la presencia de Internet en nuestras vidas es constante e inevitable, resulta necesario, y probablemente ahora con más motivo, saber cómo este nos afecta y nos expone a ciertos peligros o situaciones de inferioridad no consensuada.

Jorge J. Gómez habla del término “nativo digital” y de cómo le damos a este un significado, en muchas ocasiones, erróneo. “El concepto lo hemos reinterpretado de otra forma: un consumidor activo de productos tecnológicos, pero sin capacidad de intervención. La única decisión del usuario, del nativo digital, es compro o no compro, pero nada más. E igual lo correcto no es decidir si compro o no compro, sino saber qué es lo que la empresa me va a ofrecer realmente con su producto. Creo que convivimos con una tecnología que no terminamos de entender”.

En la actualidad encontramos dos conceptos que parecen conducirnos a lo que será el Internet del futuro: el Internet de la Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) y la inteligencia artificial (IA). ¿Qué es el Internet de las Cosas? “El IoT conecta a los usuarios a Internet sin necesidad de un contexto previo. El IoT te trae el Internet de las cosas a tu coche, a tu casa, a tu calle, a tu edificio”, contesta Gómez, que además de ser profesor en la Complutense también coordina el Máster del Internet de las Cosas en la misma universidad.

“Se han abaratado tanto las tecnologías que ahora puede usarlas cualquiera. Cualquier elemento que tú ves por ahí es susceptible de estar conectado a Internet, transmitiendo información a otro sitio”. El Internet de la Cosas es interesante sobre todo cuando se aplica a ciertos ámbitos, explica Gómez. “Una aplicación que ha funcionado muy bien y ha cambiado mucho la vida de los mayores son los botones de pulsación de emergencia. Esto, en muchos casos, es tecnología IoT. Tenemos ya servicios para detección de caídas. Ya no necesitas, en principio, pulsar un botón para que se sepa que una persona se ha caído”.

La inteligencia artificial, por otro lado, “son básicamente algoritmos que te facultan la toma de decisiones, bien sea de forma autónoma o asistida. Y para poder llegar a ese punto se necesitan datos, datos que proporciona, por otro lado, el Internet de las Cosas”.

En ocasiones se confunde la estadística con la inteligencia artificial. Gómez lo aclara: “la inteligencia artificial, a diferencia de la estadística, implica aprendizaje. La inteligencia artificial utiliza data sets (conjuntos de datos etiquetados o no) para poder inferir algo que después clasifica”. Algunos usos interesantes de la IA pueden ser los reconocedores faciales, programas para el reconocimiento del habla o su utilización aplicada a la robótica.

“En la robótica encontramos cosas muy interesantes y positivas”, comenta Gómez, “como, por ejemplo, OpenBionics, que es una empresa del Reino Unido que se dedica a hacer prótesis para personas con pocos recursos económicos. Hacen unas prótesis espectaculares”.

La idea de todo este enorme e imparable progreso tecnológico está, en definitiva, en encontrar una combinación adecuada entre lo que ésta nos puede aportar sin quitarnos cosas que ya tenemos, como la privacidad. “Creo que de ahora en adelante va a haber un trabajo bastante interesante en crear esferas o ámbitos de privacidad. En decir ‘ahora no quiero que me molesten’, ‘ahora no quiero que vean lo que estoy haciendo’”, subraya.

“A mí me gustaría ver un futuro en esos términos, donde la injerencia de la tecnología dentro de mi ámbito personal estuviera consensuada, y no consensuada desde el punto de vista de ‘esto es lo que hay’, como Google, que es lo tomas o lo dejas, sino desde el punto de vista de que el consumidor tenga otras alternativas”.

Este reportaje se publicó en el número 107 de la revista ‘Conocer’ (mayo de 2019). La revista ‘Conocer’ es una publicación perteneciente al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

Publicado por

Ignacio Romo

Periodista.

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