Aixa de la Cruz: “La culpa fue el motor inicial que me condujo a escribir ‘Cambiar de idea”

Aixa de la Cruz acaba de publicar Cambiar de idea (Caballo de Troya, 2019), un libro que mezcla ficción, memorias y ensayo en el que se abordan temas como la misoginia, la conducta sexual o los recuerdos del pasado.

“Y será porque me crié en un entorno laico, pero a mí no me parece que la culpa sea algo tan terrible. La culpa es el material con el que se fabrica la justicia poética, el castigo para las penas que prescriben o no se tipifican… En fin, que esta es la idea: narrar mi trayectoria, mis 30 años de delitos menores, para demostrar que casi todo lo que me avergüenza tiene que ver con un defecto tan paradójico como el de la misoginia”.

Este es uno de los párrafos clave que ayudan a comprender el proceso de cambio ideológico al que se vio sometida la escritora Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) durante el año 2017, coincidiendo con la popularización del hashtag #MeToo y el surgimiento del debate público creado en la sociedad española en torno al juicio de La Manada.

“La verdad es que este libro es el resultado de haber depurado un texto muchísimo más largo que existió anteriormente, y en el que, de una manera explícita, me planteaba hacer una especie de registro de las pequeñas o grandes culpas que me atenazaban. Y, bueno, todo esto en el libro aparece, todas estas experiencias en las que yo me sentía copartícipe de los abusos de los demás, por haber callado o por no haber denunciado”, explica la autora a Conocer.

Su problema con las mujeres

A la temprana edad de 19 años, De la Cruz se casó (con un hombre, es importante aclararlo) y se fue a vivir a México. “Por aquel entonces no me consideraba feminista. Ni siquiera me gustaba ser mujer. ‘Mujer’ era un partido que no representaba mis valores”, narra en un fragmento de Cambiar de idea.

La pregunta resulta evidente: ¿cuál era tu partido entonces y cuál es ahora? “Bueno, en México viví cuando era muy joven. Es complicado. Sigo pensando que mujer no es nada, que la etiqueta de mujer representa únicamente el nombre que se le pone a nuestra opresión. Lo que me molestaba mucho del feminismo era esa vocación como de asentar en una realidad sólida la idea de mujer. Siempre era como ‘las mujeres somos…’, y yo pensaba: ‘pero por qué tienen que hablar en mi nombre, yo no soy mujer, yo no quiero formar parte de esta herida’”.

“Y después –prosigue–, como cuento en el libro, me he ido moviendo paulatinamente desde la idea de ‘todo lo que se asocia con lo femenino es algo que hay que romper, son los moldes que nos ha impuesto el poder’, a acabar entendiendo que lo femenino es algo que está proscrito y que nos ayudaría socialmente a mejorar muchísimo. En resumen, soy mujer, pero he sido muy poco femenina, y ahora estoy aprendiendo a reconciliarme con estos valores que han sido tan denostados por ser considerados femeninos, pero que esencialmente no tienen nada de negativos”.

Cambiar de idea es una obra compleja de clasificar. Con pinceladas de novela, de ensayo y de memorias, en el texto se entremezclan géneros para acabar construyendo un librito total. “Inicialmente parte siendo una autoficción, pero a medida que el libro evoluciona se va convirtiendo en un autoensayo. La experiencia deja de estar tan en el centro y se vuelve un pretexto para la elucubración más o menos teórica o más o menos ensayística, para reflexionar sobre diversos temas sociales. Y esto se va acrecentando más según el libro avanza. Así que sería una cosa híbrida entre la autoficción y el ensayo”, explica la autora.

Con 24 años y un divorcio, tras su estancia en México, Aixa se instala en Granada. “Desde que me fui de casa de mis padres he vivido en siete ciudades distintas y en ninguna de ellas más de nueve meses. Los mejores años, o los que más idealizo, son los que pasé en Granada mientras estudiaba el máster. Tenía 24 años y una asignación de 600 euros al mes que se estiraba milagrosamente gracias a un alquiler simbólico, a las tapas generosas y a las compañeras rusas y alemanas que venían de la cultura del frío y tenían la costumbre de celebrar fiestas en sus apartamentos con galletas que horneaban ellas mismas”, relata en el libro.

“Nunca había estado en discotecas, y fui a discotecas. Nunca me había drogado, y probé la cocaína, el speed y el éxtasis. Nunca me había acostado con mujeres, y me acosté con mujeres. Comprendí que a los veintipocos el mundo se rige por el deseo y que, por alguna compleja combinación de factores, cotizaba alto en ese mundo”, escribe.

El libro está repleto de agudas ideas e inteligentes observaciones acerca de la feminidad, las teorías de género o la propiedad del cuerpo. “Por las mañanas asistía a clases de materialismo cultural y teoría feminista y de género y adquiría el marco teórico que aportaba trascendencia a cuanto hacía por las noches”, explica en Cambiar de idea.

En el libro, Aixa nombra a filósofas e intelectuales tan importantes como Paul B. Preciado, Virginie Despentes o Judith Butler. También le preguntamos sobre cómo ha sido su relación con las teorías feministas y queer a lo largo de los años (la teoría queer es un conjunto de ideas sobre el género y la sexualidad de las personas que sostiene que los géneros, las identidades sexuales y las orientaciones sexuales no están esencialmente inscritos en la naturaleza humana, sino que son el resultado de una construcción social, variando en cada sociedad. Los postulados queer cuestionan la sexualidad dominante, pues se ampara en categorías binarias, universales, fijas y mutuamente excluyentes, tales como hombre/mujer o heterosexual/ homosexual). A dicha cuestión, De la Cruz responde: “Cuando empecé a leer textos feministas conecté mucho con la teoría queer, porque se centraba en deconstruir categorías. Como, por ejemplo, la categoría ‘mujer’, en la que ya digo que no me sentía nada cómoda. Pero, con el paso del tiempo, me di cuenta de que había leído a estas filósofas de una forma que no era correcta del todo. La teoría queer, de alguna manera, me ayudó a pensar sobre cómo lo masculino era necesariamente lo universal, lo positivo, y que lo único a deconstruir era lo femenino. Lo que yo quería abandonar era lo femenino”.

Las filósofas Beatriz Preciado (ahora Paul B. Preciado) y Judith Butler

Y sigue: “Sin embargo, últimamente he sufrido una especie de vuelta al cuerpo, porque esta idea de negar todas las categorías relacionadas con ‘mujer’ y ‘hombre’ me había conducido a negar un poco lo corpóreo. Ahora me interesa mucho esa idea de la vuelta al cuerpo, es decir, legitimar e indicar todo aquello que es corpóreo: me he movido de entender que mujer no era nada y, por tanto, sentirme cómoda en una especie de utopía sin género, a poco a poco volver más a lo tangible, a lo palpable”.

El cambio de paradigma, de idea, como se titula el libro de Aixa, sucede hace más o menos un año y medio, aunque “es difícil establecer una fecha concreta”. La autora cuenta que el proceso de cambio más radical tuvo lugar en 2017, “a raíz de todos los testimonios que salieron como consecuencia del #MeToo, y también con el modo que a nivel social se recibió el juicio de La Manada, con los discursos que se escuchaban en la opinión pública durante aquellos meses. Con el caso de La Manada, por ejemplo, me di cuenta de lo importante que es el cuerpo de una mujer, y esa imagen fue importante para mí, para dejar lo teórico y lo etéreo y regresar a lo real, por decirlo así”.

Aixa de la Cruz, además de Cambiar de idea, ha publicado novelas como La línea del frente (2017) o libros de cuentos como Modelos animales (2015), ambos editados por la editorial Salto de Página. Sobre si se siente parte de una generación de autores y autores jóvenes, nacidos a finales de los años 80 y comienzos de los 90, dice que “el tema de las generaciones es siempre complejo” y que desconoce si tienen en realidad mucho sentido.

“En cualquier caso, lo que puedo decir es que por primera vez me siento profundamente honrada de que pongan mi nombre junto a otros nombres de esa generación en particular. Me siento honrada de que se me compare con Cristina Morales, con Sabina Urraca o con Luna Miguel. Son autoras a las que admiro, a las que leo, y las que creo que están proponiendo las cosas más interesantes que últimamente estoy leyendo. Más allá de eso, veo algunos puntos en común e hilos conductores, pero en general me parece un asunto complicado porque es difícil establecer vínculos”, explica.

Por último, al ser preguntada sobre proyectos literarios futuros, Aixa explica, entre risas, que está embarazada: “Mi proyecto se llama Noa, y va a nacer a principios de mayo, con eso ya tengo novela para un par de años. Hablando en serio, en general, soy muy ansiosa con mi producción, siempre que estoy presentando un libro estoy pensando ya en el siguiente, pero esta es la primera vez que no me pasa, lo que me parece buena señal. Tengo ganas de callarme y eso me parece positivo. Siempre escribo cuando quiero decir algo, pero por primera vez me he quedado tranquila, me he expresado como quería y he soltado muchas cosas que me hacía falta decir”.

Este reportaje se publicó en el número 107 de la revista ‘Conocer’ (mayo de 2019). La revista ‘Conocer’ es una publicación perteneciente al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

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