50 años de la llegada del hombre a la Luna: un repaso a un hito histórico

El 20 de julio de 1969 Neil Amstrong pisó la Luna. Era la primera vez que un ser humano salía de nuestro planeta para llegar a posarse sobre otro mundo. Este hito histórico, y también simbólico, se explica como una carrera, como una competición entre los dos países más potentes del momento: Estados Unidos y la Unión Soviética. El mundo estaba dividido en dos facciones enfrentadas y llevar un hombre a la Luna proclamaría un vencedor. 

El mundo conoce la historia: el 20 de julio de 1969 Neil Amstrong y Buzz Aldrin aterrizaron en la Luna. Los dos astronautas, ambos estadounidenses, fueron los primeros seres humanos que salían del planeta que nos vio nacer para dejar sus huellas en otro lugar, la Luna, el único satélite de la Tierra.  

En el momento clave, en el instante preciso de poner el pie en aquel inhóspito lugar, Amstrong pronunció la ya mítica frase: “Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

Remontándonos al inicio de todo

El relato, mitificado por muchos y puesto en duda por otros en los últimos tiempos, es mucho más rico e interesante si uno empieza explicándoselo por el principio. “La carrera espacial comienza el 4 de octubre de 1957 con el lanzamiento del primer Sputnik por parte de la Unión Soviética”, cuenta Rafael Clemente, fundador y primer director del Museo de Ciència de Barcelona (actual Cosmocaixa) y autor del libro Un pequeño paso para [un] hombre, editado por Libros Cúpula el año pasado. 

Los primeros años de la competición tecnológica y científica por el dominio del espacio tuvieron un claro vencedor: los rusos. “Por aquel entonces (1957), la NASA aun no existía y el lanzamiento del Sputnik 1 cogió a todo el mundo por sorpresa”, explica Clemente.

Yuri Gagarin, el primer ser humano en el espacio (Fuente: NASA)

Dos años después, en abril de 1961, los soviéticos sorprenden de nuevo: Yuri Gagarin se convierte en el primer ser humano en viajar al espacio exterior. ¿A qué se debía la ventaja soviética? “En una palabra: cohete”, contesta Clemente: “Tenían un cohete mucho más potente, lo que les facilitaba el lanzamiento de cápsulas mucho más pesadas al espacio”.

La responsabilidad del éxito ruso recae, sin duda, en un nombre: Sergei Korolev, el ingeniero de cohetes soviético. “Korolev no solamente proyectó el cohete, sino que también diseñó los satélites rusos: el Sputnik 1, Sputnik 2 (que lleva al espacio a la perra Laika) y el Sputnik 3 (un satélite impresionante de una tonelada y media de peso), además de la cápsula Vostok”. Por desgracia, Korolev fallece en 1966 y el plan espacial soviético perderá en él al hombre clave del proyecto.

La promesa de Kennedy

Es 20 de mayo de 1961, apenas un mes más tarde de la puesta en órbita de Gagarin. Kennedy convoca una sesión conjunta del Senado y la Cámara de Representantes para hacer un anuncio inesperado. El presidente estadounidense dice lo siguiente: “Creo que esta nación debe comprometerse a alcanzar el objetivo, antes del final de este decenio, de llevar un hombre a la Luna y retornarlo a salvo a la Tierra”.

Esta declaración fue la confirmación de que Estados Unidos había entrado de lleno en la carrera espacial. “Fundamentalmente, la decisión de Kennedy se debió a un tema de prestigio nacional. Huyó hacia delante y le salió bien. Poniendo mucho dinero encima de la mesa, eso sí”, explica Clemente.

Mayo de 1961, Kennedy anuncia que los estadounidenses pisarán la Luna (Fuente: NASA)

Es interesante pararse a comprobar la enorme financiación que recibió la NASA durante aquellos años. En el proyecto Apollo trabajaron unas 400 mil personas a lo largo y ancho de todo el mundo y el gobierno norteamericano destinó alrededor del 3% del presupuesto federal a su Agencia Espacial. Una cantidad de dinero exagerada, sobre todo si se tiene en cuenta que a día de hoy lo invertido en la NASA ronda el 0,2%.

Para Alberto Martos, ingeniero técnico de telecomunicaciones que trabajó para la NASA en la Estación Espacial de Fresnedillas (Madrid) durante 15 años, “el proyecto Apollo fue todo un orgullo nacional, un proyecto del pueblo, de la gente, y eso provocó que las grandes cantidades de dinero invertidas no fueran nunca un problema. En contraposición al plan estadounidense, el programa soviético se llevó a cabo en el más riguroso secreto, primero para ocultar los fallos y segundo para tratar de sorprender a sus rivales”, añade. Tal vez fuera ésta la clave de su fracaso.

Comienza la apuesta estadounidense

El proyecto Apollo, que tenía como fin posar un hombre en la Luna y traerlo de vuelta a la Tierra, era un proyecto ambicioso, caro y muy complejo. Por ello, para desarrollarlo, antes fue necesario atravesar con éxito una serie de fases previas. En concreto dos: los proyectos Mercury y Gemini, en los cuales se trabajó en cosas como el acoplamiento de dos naves en vuelo o el tiempo que podía estar un ser humano en el espacio.  Finalmente, en febrero de 1967 está todo preparado para que despegue la primera misión Apollo, la cápsula Apollo 1.

El plan previsto estaba, hasta el momento, cumpliéndose, y los objetivos propuestos por Kennedy parecían alcanzables. Sin embargo, todo se torció el 23 de febrero de 1967, cuando, en una simulación de lanzamiento, la cápsula se incendió de forma inesperada y los tres astronautas que se encontraban en su interior –Virgil Grissom, Ed White y Roger Chaffe– quedaron calcinados en cuestión de segundos.

El Apollo 1 tras el incendio (Fuente: SPACE)

“Fue una tragedia, es cierto, pero el incendio del Apollo 1 les permitió reconocer un puñado de problemas y fallos de diseño en la nave”, explica Clemente. Tras el incendio del Apollo 1 el diseño de la cápsula se modificó sustancialmente: se eliminaron todos los materiales combustibles, se instaló un nuevo modelo de escotilla más sencilla de abrir, se reforzó el escudo térmico y las conducciones eléctricas recibieron aislamiento adicional. 

Del Apollo 1 al Apollo 11

El drama del Apollo 1 se produjo en febrero de 1967. En julio de 1969, apenas dos años más tarde, Neil Amstrong y Buzz Aldrin ponían pie en la Luna. ¿Cómo fue esto posible? Una de las maneras más sencillas de explicarlo consiste en ilustrar la figura de Werner von Braun, el homólogo norteamericano de Korolev.

Von Braun posa con su creación, el cohete Saturn V (Fuente: NASA)

Von Braun, polaco de nacimiento, trabajó en el diseño de los cohetes balísticos nazis durante la II Guerra Mundial. Con la derrota alemana fue “fichado” por el ejército norteamericano. “De alguna manera, fue él quien diseñó el cohete que lanzó al primer americano al espacio (un Redstone), y fueron y él y su equipo quienes diseñaron los cohetes Saturno y en concreto el Saturno V, que sería el cohete que llevaría al hombre hasta la Luna”, cuenta Clemente.

Durante las misiones Apollo 7, 8, 9 y 10 se trabajó para comprobar que todas las fases de vuelo funcionaban a la perfección. Seguramente, los momentos más delicados eran la separación y el acople posterior entre el módulo de mando y el módulo lunar, la pequeña y delicada nave que debía posarse sobre la superficie de la Luna con dos astronautas en su interior. Los dos procesos, separación y acople de ambos módulos, debían realizarse en órbita lunar, lo que complicaba aún más la tarea.

El 16 de julio de 1961 despegó el cohete Saturno V de la misión Apollo 11. Con tres astronautas a bordo –Neil Amstrong (comandante), Michael Collins (piloto del módulo de mando) y Buzz Aldrin (piloto del módulo lunar) –, el trayecto hasta la Luna fue rutinario, sin sobresaltos. Tres días después del despegue los astronautas entraron en órbita lunar, lo que indicaba que ya estaban listos para la separación.

Amstrong y Aldrin ocuparon el módulo lunar y Collins quedó como único integrante del módulo de mando, que quedaría orbitando la Luna mientras esperaba el regreso del Eagle (como se llamaba al módulo lunar) para su posterior acople.

El módulo lunar fotografiado desde el módulo de mando

Como es obvio, la fase más complicada y arriesgada fue el aterrizaje del Eagle en la Luna, pues era la única acción que no se había realizado hasta el momento. “Los últimos dos minutos y medio los realizó Amstrong de forma manual, que tuvo que corregir la dirección en el último momento porque el autopiloto les llevaba a aterrizar en una zona de rocas”, narra Clemente.

El módulo lunar se posó, finalmente, en Tranquilty Base, una inmensa llanura sin apenas relieve. A pesar de que estaba planeado para cuatro horas después, Amstrong se adelanta al plan previsto y decide salir al exterior.

Fue en ese instante, al posarse sobre la superficie lunar, y ante la atenta mirada de millones de personas que seguían los hechos por televisión, cuando Amstrong pronuncia la conocida sentencia: “Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Resulta paradójico que la frase probablemente más conocida de la historia fuera concebida, según declaró el mismo Amstrong, escaso tiempo antes, una vez ya aterrizado en la Luna. 

Buzz Aldrin saliendo por primera vez del módulo lunar (Fuente: NASA)

¿Por qué no se ha regresado a la Luna?

A decir verdad, sí que hemos regresado. Entre 1969 y 1972 se realizaron seis misiones Apollo más, hasta el Apollo 17. De todas ellas, solo la misión Apollo 13 sufrió un error, impidiendo a los astronautas llegar a posarse en la Luna. En diciembre de 1972, el Apollo 17 llevó a los últimos tres seres humanos hasta nuestro satélite.

Es curioso que fuera en esta última misión cuando viajó por primera vez un investigador (un geólogo), lo que prueba el escaso interés científico del proyecto. “El proyecto Apolo no fue ni un proyecto científico ni un proyecto militar, fue un proyecto de prestigio. Simple y llanamente. Puede ser, incluso, que los vuelos posteriores al Apollo 11 se realizaran para que todo aquello no pareciera un asunto de mera propaganda”, declara Clemente.

En el Apollo 17 se llevó hasta un vehículo (Fuente: NASA)

En todo caso, las preguntas surgen casi sin pretenderlo: ¿volveremos a la Luna? ¿tiene interés científico regresar? ¿es necesario que vayan seres humanos hasta allí? “Los chinos están siguiendo el mismo plan que los americanos, pero quemando etapas, pues tienen la ventaja de que mucha tecnología que ahora se utiliza ya fue desarrollada hace 50 años. Por ahora se sabe que están construyendo un cohete de medidas similares al Saturn V, y ya me dirás para que lo quieren si no es para volar a la Luna”, contesta Rafael Clemente.

Alberto Martos va más allá y explica que, en su opinión, “el interés de los chinos es puramente económico. En la Luna existe la posibilidad de extraer materiales que en la Tierra ya no son tan comunes, como por ejemplo el titanio. Pero además de eso, en la Luna hay un isótopo que se produce en el Sol y que se obtiene a través del helio. Este isótopo, conocido como helio-3, se halla depositado sobre la superficie de las rocas lunares y es interesante porque es una energía nuclear limpia, no radiactiva”.

La sonda china Chang’e-4 logró posarse en la cara oculta de la Luna hace escasos meses (Fuente: SpaceNews)

El helio-3, muy buscado para ser usado en investigación de fusión nuclear, es raro en la Tierra pero abundante en el universo, pues se produce en Sol y se expande a través del viento solar. A la Tierra acaba llegando en escasas cantidades debido a que la atmosfera lo rechaza, pero la Luna, al carecer de atmósfera, alberga cuantiosas cantidades de helio-3 en su superficie rocosa y polvorienta.

“Los países que son deficitarios en energía, como Japón, China, la India e incluso Israel, están interesados en conseguir este helio-3”, cuenta Martos. “Estados Unidos, por el contrario, jamás ha declarado tener interés por este isótopo. Allí, mientras haya petróleo, no creo que haya interés conseguirlo”. “Por otro lado, es una pena que desde Europa no estemos ahondando más en este asunto tan interesante”, zanja.

Este reportaje se publicó en el número 108 de la revista ‘Universo’ (julio de 2019). La revista ‘Universo’ es una publicación perteneciente al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

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