¿Cuál es la historia del Valle de los Caídos y qué debe hacerse con él?

La construcción del Valle de los Caídos se extendió desde 1940 hasta 1959. Casi 20 años de obras para levantar un monumento con el que Franco pretendía honrar a los caídos del bando nacional durante la Guerra Civil. El decreto oficial a través del que se confirma su construcción, datado el 2 de abril de 1940, así lo ratifica: “para perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada”, reza el texto firmado por el dictador.

Desde sus inicios el Valle de los Caídos poseyó un fin excluyente. En concreto, honrar a los caídos del bando nacional y ensalzar los valores católicos y patrióticos asociados al régimen franquista. Levantar el Valle de los Caídos supuso un gasto enorme, sobre todo si se tienen en cuenta las desgraciadas condiciones económicas del país en ese momento. En total, 6 millones de euros actuales de presupuesto, 19 años de obras, dos arquitectos y una montaña de granito taladrada hasta crear en su interior una inmensa basílica.

Primer asunto controvertido: su construcción

Durante siete años, entre 1943 y 1950, en el Valle trabajaron presos políticos. Prisioneros que solicitaban ir allí con el fin de beneficiarse del programa de reducción de penas por trabajo. Laborar en Cuelgamuros (como también era conocido el Valle) suponía una disminución notable de las penas, pues se restaban dos días de condena por cada día trabajado.

Franco y Carmen Polo visitando las obras del Valle (Fuente: Agencia EFE)

Aunque las condiciones en la montaña de El Escorial no eran las mejores, al menos sí que superaban en comodidad e higiene a las cárceles españolas, que por aquel entonces se encontraban abarrotadas de prisioneros y en condiciones penosas.

Resulta complejo conocer el dato que revele exactamente cuánta gente trabajó allí. El periodista Fernando Olmeda lo explica en su libro El Valle de los Caídos: una memoria de España (Península, 2009): “No hay un estudio fiable sobre el número de presos que redimió condena allí entre 1943 y 1950, ni sobre el número total de trabajadores, sumados libres y penados. Hasta ahora se han manejado estimaciones al alza o a la baja en función de posiciones ideológicas de quien estudia el periodo. Se han apuntado cifras que van desde los 2.000 a los 20.000 penados, pero nadie ha aportado pruebas”.

Otro de los puntos polémicos es la cantidad de fallecidos durante el transcurso de las obras. Las fuentes más fiables hablan de entre 14 y de 18 muertos. Según Ángel Lausín, médico de Cuelgamuros (también preso político), hubo 14 muertos en todo el tiempo de la obra.

Obreros trabajando en Cuelgamuros (Fuente: Público)

El periodista José María Calleja refleja en su libro El Valle de los Caídos (Espasa, 2009) el testimonio de Trinitario Rubio, un hombre que con 22 años trabajó en la edificación del Valle. Rubio comenta lo siguiente al respecto de los posibles fallecidos allí: “Yo no trabajé en el agujero, trabajaba en la carretera de acceso. Había varios destacamentos, unos estábamos en la carretera; otros, en el agujero; otros, en la explanada, pero en el momento de estar allí no teníamos conocimiento de qué era lo que se estaba haciendo por otros presos unos kilómetros más arriba […] Es falso –prosigue Trinitario– que en los 19 años que duraron las obras murieran solo 14 trabajadores, como dicen las cifras oficiales. Yo he hablado con gente que trabajó en el agujero (en la cripta) y me han dicho que cada día había una docena de heridos, que el trabajo era durísimo y que se hacía en unas condiciones lamentables; por supuesto, sin ninguna seguridad. Catorce muertos en 19 años, ¡no se lo creen ni ellos!”.

Pero no se ha demostrado la existencia de más de esos 14. Si acaso, y como mucho, otros testimonios hablan de 18 fallecidos durante el periodo de construcción.

Más de 30.000 cuerpos enterrados en las criptas

En un principio, el plan de Franco era llenar las criptas con caídos del bando nacional. El Estado contactó con las familias para comenzar los traslados, pero muchas de ellas se negaron. Querían que sus familiares descansaran cerca de ellos, y que fueran desplazados al Valle carecía de sentido.

Este contratiempo obligó al Gobierno a modificar el plan: se llevarán a Cuelgamuros caídos de ambos bandos, nacionales y republicanos. El Valle de los Caídos será así un monumento por y para todos. Los cuerpos fueron llevados hasta El Escorial entre 1959 y 1983, transportados desde enterramientos y cementerios de casi todas las provincias españolas. En principio se cree que en las ocho criptas de la Basílica del Valle hay alrededor de 33.800 personas enterradas. Más de 21.000 restos están identificados y unos 12.000 no lo están.

Columbarios siendo introducidos en las criptas (Fuente: El Español)

Sin embargo, la cifra de cuerpos inhumados no es fiable, y es posible que los números sean, en realidad, mayores. Anselmo Álvarez, abad del Valle hasta el año 2014, llegó incluso a dudar del libro de los muertos elaborado por los benedictinos, afirmando que, rebasados por la avalancha de cuerpos, en algunos instantes se registraron las entradas “a la baja”.

En el documental Franco: operación caídos, emitido el 28 de enero de 2009, Álvarez declaraba a la cámara que “oficialmente, según los libros, serían 33.847, aunque pudieron ser bastantes más. Por otra parte, con la finalidad de no alarmar excesivamente sobre la cantidad de restos mortales que venían al Valle, el cálculo que se hizo fue casi sistemáticamente a la baja. El número real era bastante superior al número reflejado oficialmente”.

En conjunto, 491 traslados divididos en distintas categorías: para mover los restos individuales identificados, contenidos en cementerios parroquiales, municipales o especiales, era necesario el consentimiento expreso de los familiares. Pero, en el caso de enterramientos con restos no identificados, se ordenó en muchas ocasiones proceder a la exhumación y traslados sin identificación ni tampoco autorización familiar. Así llegaron al Valle los más de 12.000 restos sin identificar, restos anónimos recuperados de cunetas, fosas comunes y otros lugares.

Columbarios apilados en una de las secciones de la cripta (Fuente: Público)

Otro problema es el estado actual de las criptas que contienen los restos. En 2008, el diario El País publicó un reportaje revelador en el que una fuente del Valle admitía que “los restos sirvieron para llenar cavidades internas de las criptas y ahora forman parte de la estructura del edificio. Las humedades han hecho el resto”, añade. Conclusión: ni siquiera los restos están bien organizados y en buenas condiciones.

En 2010, el Ministerio de Justicia desarrolló un plan para entrar en las criptas con el fin de evaluar su estado. El informe realizado posteriormente corroboraba lo que ya se intuía: las deficientes condiciones de los osarios y la “complejidad extrema” que constituirían las tareas de exhumación e identificación.

Sobre este asunto habla Antonio Cazorla, catedrático de Historia en la Trent University (Canadá): “No creo que haya 30.000 cuerpos, sino muchos miles más. La forma en que se recogieron los cadáveres fue chapucera y, a menudo, se metieron en las cajas restos de varias personas como si fueran de una. Por esto y otras causas posteriores, es muy difícil la identificación. En los casos en que esta sea posible, hay que proceder a hacerlo y ofrecerles a sus familiares la posibilidad de reclamar los restos. En los que no, lo menos que se podía hacer es explicar al público quienes están allí y por qué, y desde luego exigir respeto para su descanso eterno”.

El futuro del Valle sigue siendo una incógnita

Franco nunca dejó por escrito dónde quería ser enterrado. Lo más lógico era que sus restos fueran a parar a El Pardo, donde 13 años más tarde fue enterrada Carmen Polo, su esposa. Pero al final, y gracias sobre todo a la acción del Gobierno de Arias Navarro, el cuerpo del dictador acabó descansando en la Basílica de Cuelgamuros, justo ante el altar mayor.

Entierro de Franco en la Basílica del Valle (Fuente: El Español)

La tumba de Francisco Franco, ubicada en situación de privilegio frente al resto de caídos, echa por tierra el argumento de los que defienden mantener el Valle de los Caídos tal y como ahora se encuentra, que declaran que en Cuelgamuros se honra, al mismo nivel, a ambos bandos.

¿Cómo se transforma un lugar como el Valle de los Caídos en un centro de interpretación del pasado, sin sectarismos y más allá de ideologías? Cazorla responde a esta cuestión argumentando que “lo primero que debe hacerse es sacar el cuerpo del dictador para devolvérselo a su familia. Y lo mismo con José Antonio, que también se encuentra enterrado en un lugar preeminente. Con la salvedad de que a este último se le debería permitir a la familia decidir que sea inhumado en el Valle, con las demás víctimas de la guerra”.

“Segundo –continúa Cazorla–, se negocia con la Iglesia la desacralización de todo o de parte del conjunto. Tercero, la abadía y la hospedería, al menos, se deberían transformar en un museo con una colección permanente, exposiciones temporales y una labor de investigación y difusión que alcance a todo el país. Y cuarto, el conjunto monumental debería ser explicado mediante panales y guías y, menos los columbarios, debería ser accesible al público”.

Aspecto actual de la Basílica (Fuente: eldiario.es)

Y prosigue: “La preocupación con los cuerpos de las víctimas de la guerra solo se convirtió en una demanda social significativa hace un par de décadas. Era natural que de esta preocupación pronto surgiese la pregunta de cómo el cuerpo del dictador podía estar en un lugar de honor y ser honrado por sus partidarios mientras que decenas de miles de sus víctimas yacían en fosas comunes. Ya no hay marcha atrás. La sociedad española ha cambiado y Franco saldrá antes o después del Valle. Es un proceso que ni legal ni políticamente debiera ser complejo. Si lo es, o se demora, habrá que preguntarse por qué”, explica el historiador.

Patrimonio Nacional, gestor del Valle de los Caídos

En 1957 se creó la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, cuyos fines eran, entre otros, “rogar a Dios por las almas de los muertos en la Cruzada Nacional”. En la actualidad, las funciones de patronato y representación de dicha Fundación se asignan al Consejo de Administración de Patrimonio Nacional. Esto indica que el Gobierno posee una amplia capacidad de decisión sobre el futuro del lugar, sobre el Valle de los Caídos y sobre sus monumentos.

Mantenerlo le cuesta a Patrimonio 1.836.325 euros anuales, según datos del Gobierno de junio de 2017. Sin embargo, en un informe elaborado por la Comisión de Expertos sobre el Futuro del Valle de los Caídos (comisión constituida por el gobierno socialista en 2011) se alerta del deterioro que sufre Cuelgamuros.

Estado de algunas de las esculturas del Valle (elvalledeloscaidos.es)

En dicho informe se expone que “las labores de mantenimiento que requiere el conjunto de las edificaciones son tan cuantiosas que los trabajos de conservación y mantenimiento que hasta ahora han sido posibles, han resultado insuficientes para que el actual estado general sea aceptable. Por dicha razón, para volver las edificaciones a unas correctas condiciones y prologar su vida útil, se requerirán unas obras por un importe mínimo estimado en más de 10 millones de euros”.

Para hallar una correcta solución a la cuestión del futuro del Valle, Antonio Cazorla aconseja tomar el ejemplo de otros países: “El país modelo es Alemania, que ha construido una memoria democrática del pasado asumiendo sus culpas ante las víctimas, honrándolas, y rechazando los horrores del nazismo a través de un programa jurídico, pedagógico y de Historia Publica, incluyendo nuevos museos y la ‘musealización’ de los lugares del horror”.

Este reportaje se publicó en el número 108 de la revista ‘Conocer’ (junio de 2019). La revista ‘Conocer’ es una publicación perteneciente al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

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