Vicente Luis Mora: “Es la calidad de las preguntas lo que da valor y hace interesante a la literatura”

En la imagen aparece el autor cordobés Vicente Luis Mora.

Una entrevista con el escritor Vicente Luis Mora sobre Centroeuropa, su última novela. Una versión condensada de esta conversación se publicó con anterioridad en Colofón Revista Literaria [AQUÍ].

Teniendo en cuenta las complejas circunstancias actuales, ¿cómo está siendo la salida del libro?

Está siendo un poco complicada, aunque alguna cosa se puede hacer. He estado en Gijón y en Córdoba, pero lo cierto es que en circunstancias normales habríamos presentado ya el libro en Málaga, Barcelona y Madrid. De hecho, el libro debería haber aparecido en abril, pero se pospuso el lanzamiento hasta septiembre.

En alguna otra entrevista has dicho que la idea de escribir esta novela te surgió leyendo Antes de la tormenta, de Theodor Fontane. ¿Qué te inspiró de esta novela?

Fue algo muy extraño que no me había pasado nunca. Es cierto que leyendo se te ocurren cosas, pero más bien ideas de otro tipo, secundarias. Por ejemplo: alguna técnica, alguna forma de desarrollar un diálogo, algún truco de utilización de la voz narrativa. Pero en este caso es la primera vez que leyendo un texto ajeno se me ocurre una idea que me precipita a una novela entera. Esto tengo que agradecérselo a la traductora de Antes de la tormenta (Pretextos, 2017), Helena Cortés, quien, además de la traducción, realizó una extensa introducción que posteriormente me vino de perlas para documentar Centroeuropa.

Hablando de esto último, ¿cómo fue el trabajo de documentación para comprender la Prusia (y la Europa) de los siglos XVIII y XIX?

Como académico dedicado a la investigación literaria, es un trabajo al que estoy acostumbrado. Sin embargo, en este caso el trabajo de documentación estuvo más orientado a la historia, aunque también tuve que trabajar el pensamiento y la filosofía de aquella época, que están bastante presentes en la novela a través del personaje de Jakob, historiador de profesión.

De todas maneras, me gustaría precisar que la documentación no está dirigida a construir una novela histórica, sino que la finalidad es puramente literaria, es decir: crear un mundo lo bastante convincente como para que el lector se sumerja en lo que realmente me interesa, que es la trama y los personajes. Mi intención no era escribir una novela histórica, sino más bien una ambientación en la que poder incrustar elementos inverosímiles. Me interesa, de hecho, esa tensión. No me gusta ceder todo el espacio al realismo. O busco una forma de realismo que no olvide lo telúrico, lo inconsciente, lo onírico, los temores atávicos.

Dices que la intención no era hacer una novela histórica. ¿Cuál era entonces tu intención?

La intención con Centroeuropa fue hacer una novela arqueológica. Frente al modelo de la novela histórica, utilizo esta etiqueta de “novela arqueológica” para explicar que el lector debe escarbar y encontrar algunos elementos del pasado, que son ciertos pero incompletos, y a partir de ahí debe interpretarlos y contextualizarlos. En definitiva, se trata de ver qué legado nos ha dejado la Centroeuropa de aquella época (finales del siglo XVIII y principios del XIX) y qué importancia tuvo ese mundo y sigue teniendo aún en nuestros días.

¿Qué te atrajo de esta zona tan particular de Prusia y de este periodo histórico concreto? Se me ocurre que pudo ser de interés la confrontación entre un sistema feudal-absolutista que se apaga y otro liberal-capitalista que nace, simbolizado este último en la figura del protagonista, Redo Hauptshammer, el primer agricultor libre del pueblo.

Sí, exacto. Redo representa la modernidad, pues llega a un pueblo que todavía vive anclado en el antiguo régimen. Y sí, una de las cosas que yo quería contar en la novela es precisamente esa tensión que se produce entre dos regímenes: un sistema absolutista ya en declive y una nueva modernidad, personificada en Redo. Dos mundos antitéticos, cada uno con su propia sensibilidad.

Sobre el personaje principal, Redo. Creo que el lector, o al menos así fue en mi caso, está todo el rato en tensión por conocer cuál es secreto que esconde. ¿Por qué quisiste construir de esta manera el protagonista?

El personaje de Redo pasa por el proceso de descubrimiento de su identidad al mismo tiempo que el lector. Hay un correlato directo entre nuestro acceso a la personalidad de Redo y la construcción por parte de Redo de su propio yo. Digamos que Redo escribe este relato para fijar de algún modo su propio relato personal. Efectivamente, en la novela hay secretos, y me parecía sugerente para el lector que acceda a los mismos un poco al mismo ritmo que el personaje.

Redo va recordando y estructurando su propio pasado gracias al proceso de escritura. Esto es muy interesante.

En efecto. Una de las cosas que me planteé con Centroeuropa fue tratar de comprender cómo acometería la redacción de sus memorias una persona que llega tarde a la lectura y a la escritura, como es el caso del protagonista, que antes de llegar al pueblo era casi analfabeto. También me interesaba indagar en la manipulación que todos hacemos cuando contamos nuestra historia, cuando relatamos nuestro pasado a los demás o incluso a nosotros mismos, quizá con el ánimo de alterarlo o modificarlo. [si te interesa saber más sobre cómo los humanos nos contamos nuestros recuerdos, échale un ojo a este enlace].

He leído en una entrevista que hablabas sobre la complejidad de hallar un lenguaje que fuera verosímil a la época en la que suceden los hechos, pero que también pudiera ser entendido fácilmente por el lector de la actualidad. ¿Cómo ha sido esa búsqueda de un lenguaje común a ambos periodos históricos?

Ha sido un trabajo ímprobo, porque efectivamente me propuse encontrar un lenguaje que, perteneciendo al siglo XIX, pudiera ser leído hoy como actual. Lograr ese registro que perteneciera a la vez a los tres últimos siglos me parecía un desafío interesante que me ha costado muchísimo trabajo.

¿Cómo se comprueba que las palabras existen en el siglo XIX?

Haciendo uso del CORDE (Corpus Diacrónico del Español), accesible en la página de la RAE. Es una base de datos utilísima, que te indica qué palabras o expresiones se utilizaban en los distintos siglos. Además, para escribir la novela estuve releyendo varias obras de Galdós y de Clarín, con el objetivo de tener muy activada la memoria del lenguaje de la época. De todas formas, el proceso que he seguido para escribir esta novela lo colgaré en mi blog dentro de unas semanas.

En un momento del libro, el personaje de Jakob Mölte dice lo siguiente: “La tierra es como los libros: una vez abierta, también sabe hablar”. Como ya has dicho, defines Centroeuropa como una novela arqueológica. ¿Qué puede contarnos la tierra una vez excavada?

La Tierra nos está hablando continuamente. A veces de modo positivo, pues de ella rescatamos tesoros arqueológicos en el mejor sentido de la palabra. Otras, en cambio, nos habla en términos terribles, mostrándonos cadáveres de antiguas batallas; algo que sigue ocurriendo, por cierto, hoy en día en la rivera del Oder (la comarca alemana en la que se emplaza Centroeuropa), donde de vez en cuando se encuentran vestigios de batallas y restos de soldados que alguna vez combatieron en la zona. La Tierra, en definitiva, sigue hablando, unas veces diciendo cosas maravillosas y otras monstruosas de las que debemos aprender. Nuestro objetivo es escucharla, recoger lo bueno y aprender de lo nefasto.

La rivera del río Oder, frontera entre Alemania y Polonia, vista desde Google Maps.

A pesar de que nuestro objetivo sea escucharla, como dices, en la novela se observa cómo todo el mundo rechaza hacerse cargo de los cadáveres que Redo encuentra bajo tierra. Las autoridades locales escurren el bulto, por decirlo de alguna forma, cuando se les exige tomar decisiones sobre el asunto.

Sí, y creo que se debe al miedo que algunas veces tiene la sociedad a mirar y hacer sentido de las cosas. Suele ser más sencillo ocultar los problemas que buscarles una solución. De hecho, las únicas dos personas partidarias de enfrentarse al problema son Redo, que cree que hay una lección valiosa que aprender, y Jakob, el historiador, pues entiende que todo aquello debería investigarse más a fondo para saber de dónde vienen esos cadáveres. Los dirigentes y el resto de los ciudadanos, en cambio, prefieren ocultar el problema bajo una capa de tierra.

Sobre este asunto, ¿crees que recuperar los muertos de la historia sería un buen método para no repetir errores y tragedias?

Es una cuestión compleja a la que me gustaría que el lector de la novela respondiera por sí mismo. Tengo mi opinión, pero no quiero dirigir la interpretación de los lectores, prefiero que sean ellos los que se planteen las preguntas. La literatura tiene muchas funciones, pero yo entiendo que más que dar respuestas, y aunque esto sea ya un tópico, es la calidad de las preguntas lo que da valor y hace interesante a la literatura. Este libro no pretende dar una interpretación concreta, ni siquiera la mía, sino que pretende formular algunas preguntas que son pertinentes.

El personaje de Jakob es interesante por cómo cuestiona continuamente el poder político. De hecho, en un momento de la novela se llega a preguntar “de qué están hechos estos miserables a quienes dejamos llevar las riendas”, refiriéndose a los gobernantes de Prusia, de Francia, de Austria. ¿Para lograr el poder, y sobre todo para perpetuarse en él, es necesario actuar de manera miserable, como dice Jakob?

Como historiador que es, Jakob desarrolla un método de recuento casi estadístico y documentable de muertos en batallas y combates. Para él, estas muertes son absurdas. Esta idea también puede verse en Guerra y paz o en la película Barry Lyndon, de Kubrick, donde se observa el absoluto absurdo de muchos enfrentamientos bélicos.

Jakob se pregunta en voz alta cuál es el porqué de tal locura, qué mueve a los emperadores a conquistar más y más territorios, cuál es el propósito que les conduce a tomar decisiones tan terribles y que afectan a tantos miles de personas. Y creo que es una pregunta bastante legítima.

Me parece muy interesante cómo en la novela se combina el pragmatismo y la racionalidad de Jakob con la bruja Ilse, otro personaje, que representa lo esotérico, lo fantástico, lo que está más allá. ¿Cómo entiendes la existencia y convivencia de ambas visiones del mundo?

Es una perspectiva doble que puede ser incluso triple: la perspectiva histórica y humanística, encarnada en Jakob, la perspectiva de Redo, que sería de corte científico, y la postura de Ilse, que seria de tipo visionaria, por decirlo así. Bajo mi punto de vista, la suma de esas tres visiones sobre lo real conforma el terreno natural de la literatura. Creo que el realismo a secas deja muchísimas cosas fuera; el punto de vista científico nos brinda un buen punto de partida, pero también escamotea asuntos como la interpretación o la valoración de los hechos. Por último, el punto de vista relacionado con lo onírico, con los sueños y las intuiciones, me parece que tampoco ofrece por sí solo una explicación suficiente para los fenómenos, incluso para el fenómeno literario.

En mi narrativa y en mi poesía llevo mucho tiempo trabajando en esta especie de mezcla entre elementos reales, una cierta perspectiva científica y por último un acercamiento de corte más imaginativo, fantasioso y no racional. Creo que sumar estas tres perspectivas no es incompatible, sino que funcionan muy bien unidas, siempre y cuando se dominen los recursos técnicos para que sus potencialidades no choquen entre sí.

¿Qué conclusiones has sacado sobre Europa después de escribir esta novela?

Creo que el buceo sobre el pasado siempre es positivo. Es sanísimo leer sobre historia, porque se aprecian confluencias y líneas de fuga, se observan elementos que se repiten cíclicamente y otros que no en cambio no lo hacen. No todo vuelve, pues hay algunas cosas que se abandonan por el camino, desgraciada o afortunadamente.

Entiendo que es bueno recuperar esos datos del pasado para afinar la mirada, no sólo la mirada sobre el pasado sino sobre el presente. Aquella Centroeuropa de la que hablo en el libro ha vivido mucho sufrimiento y dolor, por supuesto, pero también creo que fue una época en la que surgieron notables ideas políticas y filosóficas, y también expresiones artísticas que siguen marcando todavía hoy nuestros imaginarios, al menos hasta cierto punto. Un ejemplo de esto sería la presencia constante del romanticismo como horizonte estético, como forma expresiva, como tendencia que es capaz de analizar lo onírico e irracional junto lo racional y filosófico. En definitiva, de todas las convulsiones de aquella época han quedado bastante cosas buenas, y por supuesto también cosas malas.

Sobre el futuro, ¿estás trabajando en algo actualmente?

Ahora mismo estoy trabajando, pero en otras cosas, así que no puedo escribir. Lo único en recámara es un libro de poemas, pero lo maduro muy lentamente. Me gustaría tener tiempo para escribir narrativa, aunque ahora mismo ni siquiera lo tengo para pensar en demasiadas ideas. Aun así, no creo que esto sea malo, porque al narrador le conviene la pausa, el espaciamiento entre obras. No tengo prisa, prefiero esperar a que llegue una buena idea antes de armar un libro tras otro mecánicamente, por el bien de los lectores y también por el mío propio.

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