¿Cuál es la historia del Valle de los Caídos y qué debe hacerse con él?

La construcción del Valle de los Caídos se extendió desde 1940 hasta 1959. Casi 20 años de obras para levantar un monumento con el que Franco pretendía honrar a los caídos del bando nacional durante la Guerra Civil. El decreto oficial a través del que se confirma su construcción, datado el 2 de abril de 1940, así lo ratifica: “para perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada”, reza el texto firmado por el dictador.

Desde sus inicios el Valle de los Caídos poseyó un fin excluyente. En concreto, honrar a los caídos del bando nacional y ensalzar los valores católicos y patrióticos asociados al régimen franquista. Levantar el Valle de los Caídos supuso un gasto enorme, sobre todo si se tienen en cuenta las desgraciadas condiciones económicas del país en ese momento. En total, 6 millones de euros actuales de presupuesto, 19 años de obras, dos arquitectos y una montaña de granito taladrada hasta crear en su interior una inmensa basílica.

Primer asunto controvertido: su construcción

Durante siete años, entre 1943 y 1950, en el Valle trabajaron presos políticos. Prisioneros que solicitaban ir allí con el fin de beneficiarse del programa de reducción de penas por trabajo. Laborar en Cuelgamuros (como también era conocido el Valle) suponía una disminución notable de las penas, pues se restaban dos días de condena por cada día trabajado.

Franco y Carmen Polo visitando las obras del Valle (Fuente: Agencia EFE)

Aunque las condiciones en la montaña de El Escorial no eran las mejores, al menos sí que superaban en comodidad e higiene a las cárceles españolas, que por aquel entonces se encontraban abarrotadas de prisioneros y en condiciones penosas.

Resulta complejo conocer el dato que revele exactamente cuánta gente trabajó allí. El periodista Fernando Olmeda lo explica en su libro El Valle de los Caídos: una memoria de España (Península, 2009): “No hay un estudio fiable sobre el número de presos que redimió condena allí entre 1943 y 1950, ni sobre el número total de trabajadores, sumados libres y penados. Hasta ahora se han manejado estimaciones al alza o a la baja en función de posiciones ideológicas de quien estudia el periodo. Se han apuntado cifras que van desde los 2.000 a los 20.000 penados, pero nadie ha aportado pruebas”.

Otro de los puntos polémicos es la cantidad de fallecidos durante el transcurso de las obras. Las fuentes más fiables hablan de entre 14 y de 18 muertos. Según Ángel Lausín, médico de Cuelgamuros (también preso político), hubo 14 muertos en todo el tiempo de la obra.

Obreros trabajando en Cuelgamuros (Fuente: Público)

El periodista José María Calleja refleja en su libro El Valle de los Caídos (Espasa, 2009) el testimonio de Trinitario Rubio, un hombre que con 22 años trabajó en la edificación del Valle. Rubio comenta lo siguiente al respecto de los posibles fallecidos allí: “Yo no trabajé en el agujero, trabajaba en la carretera de acceso. Había varios destacamentos, unos estábamos en la carretera; otros, en el agujero; otros, en la explanada, pero en el momento de estar allí no teníamos conocimiento de qué era lo que se estaba haciendo por otros presos unos kilómetros más arriba […] Es falso –prosigue Trinitario– que en los 19 años que duraron las obras murieran solo 14 trabajadores, como dicen las cifras oficiales. Yo he hablado con gente que trabajó en el agujero (en la cripta) y me han dicho que cada día había una docena de heridos, que el trabajo era durísimo y que se hacía en unas condiciones lamentables; por supuesto, sin ninguna seguridad. Catorce muertos en 19 años, ¡no se lo creen ni ellos!”.

Pero no se ha demostrado la existencia de más de esos 14. Si acaso, y como mucho, otros testimonios hablan de 18 fallecidos durante el periodo de construcción.

Más de 30.000 cuerpos enterrados en las criptas

En un principio, el plan de Franco era llenar las criptas con caídos del bando nacional. El Estado contactó con las familias para comenzar los traslados, pero muchas de ellas se negaron. Querían que sus familiares descansaran cerca de ellos, y que fueran desplazados al Valle carecía de sentido.

Este contratiempo obligó al Gobierno a modificar el plan: se llevarán a Cuelgamuros caídos de ambos bandos, nacionales y republicanos. El Valle de los Caídos será así un monumento por y para todos. Los cuerpos fueron llevados hasta El Escorial entre 1959 y 1983, transportados desde enterramientos y cementerios de casi todas las provincias españolas. En principio se cree que en las ocho criptas de la Basílica del Valle hay alrededor de 33.800 personas enterradas. Más de 21.000 restos están identificados y unos 12.000 no lo están.

Columbarios siendo introducidos en las criptas (Fuente: El Español)

Sin embargo, la cifra de cuerpos inhumados no es fiable, y es posible que los números sean, en realidad, mayores. Anselmo Álvarez, abad del Valle hasta el año 2014, llegó incluso a dudar del libro de los muertos elaborado por los benedictinos, afirmando que, rebasados por la avalancha de cuerpos, en algunos instantes se registraron las entradas “a la baja”.

En el documental Franco: operación caídos, emitido el 28 de enero de 2009, Álvarez declaraba a la cámara que “oficialmente, según los libros, serían 33.847, aunque pudieron ser bastantes más. Por otra parte, con la finalidad de no alarmar excesivamente sobre la cantidad de restos mortales que venían al Valle, el cálculo que se hizo fue casi sistemáticamente a la baja. El número real era bastante superior al número reflejado oficialmente”.

En conjunto, 491 traslados divididos en distintas categorías: para mover los restos individuales identificados, contenidos en cementerios parroquiales, municipales o especiales, era necesario el consentimiento expreso de los familiares. Pero, en el caso de enterramientos con restos no identificados, se ordenó en muchas ocasiones proceder a la exhumación y traslados sin identificación ni tampoco autorización familiar. Así llegaron al Valle los más de 12.000 restos sin identificar, restos anónimos recuperados de cunetas, fosas comunes y otros lugares.

Columbarios apilados en una de las secciones de la cripta (Fuente: Público)

Otro problema es el estado actual de las criptas que contienen los restos. En 2008, el diario El País publicó un reportaje revelador en el que una fuente del Valle admitía que “los restos sirvieron para llenar cavidades internas de las criptas y ahora forman parte de la estructura del edificio. Las humedades han hecho el resto”, añade. Conclusión: ni siquiera los restos están bien organizados y en buenas condiciones.

En 2010, el Ministerio de Justicia desarrolló un plan para entrar en las criptas con el fin de evaluar su estado. El informe realizado posteriormente corroboraba lo que ya se intuía: las deficientes condiciones de los osarios y la “complejidad extrema” que constituirían las tareas de exhumación e identificación.

Sobre este asunto habla Antonio Cazorla, catedrático de Historia en la Trent University (Canadá): “No creo que haya 30.000 cuerpos, sino muchos miles más. La forma en que se recogieron los cadáveres fue chapucera y, a menudo, se metieron en las cajas restos de varias personas como si fueran de una. Por esto y otras causas posteriores, es muy difícil la identificación. En los casos en que esta sea posible, hay que proceder a hacerlo y ofrecerles a sus familiares la posibilidad de reclamar los restos. En los que no, lo menos que se podía hacer es explicar al público quienes están allí y por qué, y desde luego exigir respeto para su descanso eterno”.

El futuro del Valle sigue siendo una incógnita

Franco nunca dejó por escrito dónde quería ser enterrado. Lo más lógico era que sus restos fueran a parar a El Pardo, donde 13 años más tarde fue enterrada Carmen Polo, su esposa. Pero al final, y gracias sobre todo a la acción del Gobierno de Arias Navarro, el cuerpo del dictador acabó descansando en la Basílica de Cuelgamuros, justo ante el altar mayor.

Entierro de Franco en la Basílica del Valle (Fuente: El Español)

La tumba de Francisco Franco, ubicada en situación de privilegio frente al resto de caídos, echa por tierra el argumento de los que defienden mantener el Valle de los Caídos tal y como ahora se encuentra, que declaran que en Cuelgamuros se honra, al mismo nivel, a ambos bandos.

¿Cómo se transforma un lugar como el Valle de los Caídos en un centro de interpretación del pasado, sin sectarismos y más allá de ideologías? Cazorla responde a esta cuestión argumentando que “lo primero que debe hacerse es sacar el cuerpo del dictador para devolvérselo a su familia. Y lo mismo con José Antonio, que también se encuentra enterrado en un lugar preeminente. Con la salvedad de que a este último se le debería permitir a la familia decidir que sea inhumado en el Valle, con las demás víctimas de la guerra”.

“Segundo –continúa Cazorla–, se negocia con la Iglesia la desacralización de todo o de parte del conjunto. Tercero, la abadía y la hospedería, al menos, se deberían transformar en un museo con una colección permanente, exposiciones temporales y una labor de investigación y difusión que alcance a todo el país. Y cuarto, el conjunto monumental debería ser explicado mediante panales y guías y, menos los columbarios, debería ser accesible al público”.

Aspecto actual de la Basílica (Fuente: eldiario.es)

Y prosigue: “La preocupación con los cuerpos de las víctimas de la guerra solo se convirtió en una demanda social significativa hace un par de décadas. Era natural que de esta preocupación pronto surgiese la pregunta de cómo el cuerpo del dictador podía estar en un lugar de honor y ser honrado por sus partidarios mientras que decenas de miles de sus víctimas yacían en fosas comunes. Ya no hay marcha atrás. La sociedad española ha cambiado y Franco saldrá antes o después del Valle. Es un proceso que ni legal ni políticamente debiera ser complejo. Si lo es, o se demora, habrá que preguntarse por qué”, explica el historiador.

Patrimonio Nacional, gestor del Valle de los Caídos

En 1957 se creó la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, cuyos fines eran, entre otros, “rogar a Dios por las almas de los muertos en la Cruzada Nacional”. En la actualidad, las funciones de patronato y representación de dicha Fundación se asignan al Consejo de Administración de Patrimonio Nacional. Esto indica que el Gobierno posee una amplia capacidad de decisión sobre el futuro del lugar, sobre el Valle de los Caídos y sobre sus monumentos.

Mantenerlo le cuesta a Patrimonio 1.836.325 euros anuales, según datos del Gobierno de junio de 2017. Sin embargo, en un informe elaborado por la Comisión de Expertos sobre el Futuro del Valle de los Caídos (comisión constituida por el gobierno socialista en 2011) se alerta del deterioro que sufre Cuelgamuros.

Estado de algunas de las esculturas del Valle (elvalledeloscaidos.es)

En dicho informe se expone que “las labores de mantenimiento que requiere el conjunto de las edificaciones son tan cuantiosas que los trabajos de conservación y mantenimiento que hasta ahora han sido posibles, han resultado insuficientes para que el actual estado general sea aceptable. Por dicha razón, para volver las edificaciones a unas correctas condiciones y prologar su vida útil, se requerirán unas obras por un importe mínimo estimado en más de 10 millones de euros”.

Para hallar una correcta solución a la cuestión del futuro del Valle, Antonio Cazorla aconseja tomar el ejemplo de otros países: “El país modelo es Alemania, que ha construido una memoria democrática del pasado asumiendo sus culpas ante las víctimas, honrándolas, y rechazando los horrores del nazismo a través de un programa jurídico, pedagógico y de Historia Publica, incluyendo nuevos museos y la ‘musealización’ de los lugares del horror”.

Este reportaje se publicó en el número 108 de la revista ‘Conocer’ (junio de 2019). La revista ‘Conocer’ es una publicación perteneciente al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

50 años de la llegada del hombre a la Luna: un repaso a un hito histórico

El 20 de julio de 1969 Neil Amstrong pisó la Luna. Era la primera vez que un ser humano salía de nuestro planeta para llegar a posarse sobre otro mundo. Este hito histórico, y también simbólico, se explica como una carrera, como una competición entre los dos países más potentes del momento: Estados Unidos y la Unión Soviética. El mundo estaba dividido en dos facciones enfrentadas y llevar un hombre a la Luna proclamaría un vencedor. 

El mundo conoce la historia: el 20 de julio de 1969 Neil Amstrong y Buzz Aldrin aterrizaron en la Luna. Los dos astronautas, ambos estadounidenses, fueron los primeros seres humanos que salían del planeta que nos vio nacer para dejar sus huellas en otro lugar, la Luna, el único satélite de la Tierra.  

En el momento clave, en el instante preciso de poner el pie en aquel inhóspito lugar, Amstrong pronunció la ya mítica frase: “Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

Remontándonos al inicio de todo

El relato, mitificado por muchos y puesto en duda por otros en los últimos tiempos, es mucho más rico e interesante si uno empieza explicándoselo por el principio. “La carrera espacial comienza el 4 de octubre de 1957 con el lanzamiento del primer Sputnik por parte de la Unión Soviética”, cuenta Rafael Clemente, fundador y primer director del Museo de Ciència de Barcelona (actual Cosmocaixa) y autor del libro Un pequeño paso para [un] hombre, editado por Libros Cúpula el año pasado. 

Los primeros años de la competición tecnológica y científica por el dominio del espacio tuvieron un claro vencedor: los rusos. “Por aquel entonces (1957), la NASA aun no existía y el lanzamiento del Sputnik 1 cogió a todo el mundo por sorpresa”, explica Clemente.

Yuri Gagarin, el primer ser humano en el espacio (Fuente: NASA)

Dos años después, en abril de 1961, los soviéticos sorprenden de nuevo: Yuri Gagarin se convierte en el primer ser humano en viajar al espacio exterior. ¿A qué se debía la ventaja soviética? “En una palabra: cohete”, contesta Clemente: “Tenían un cohete mucho más potente, lo que les facilitaba el lanzamiento de cápsulas mucho más pesadas al espacio”.

La responsabilidad del éxito ruso recae, sin duda, en un nombre: Sergei Korolev, el ingeniero de cohetes soviético. “Korolev no solamente proyectó el cohete, sino que también diseñó los satélites rusos: el Sputnik 1, Sputnik 2 (que lleva al espacio a la perra Laika) y el Sputnik 3 (un satélite impresionante de una tonelada y media de peso), además de la cápsula Vostok”. Por desgracia, Korolev fallece en 1966 y el plan espacial soviético perderá en él al hombre clave del proyecto.

La promesa de Kennedy

Es 20 de mayo de 1961, apenas un mes más tarde de la puesta en órbita de Gagarin. Kennedy convoca una sesión conjunta del Senado y la Cámara de Representantes para hacer un anuncio inesperado. El presidente estadounidense dice lo siguiente: “Creo que esta nación debe comprometerse a alcanzar el objetivo, antes del final de este decenio, de llevar un hombre a la Luna y retornarlo a salvo a la Tierra”.

Esta declaración fue la confirmación de que Estados Unidos había entrado de lleno en la carrera espacial. “Fundamentalmente, la decisión de Kennedy se debió a un tema de prestigio nacional. Huyó hacia delante y le salió bien. Poniendo mucho dinero encima de la mesa, eso sí”, explica Clemente.

Mayo de 1961, Kennedy anuncia que los estadounidenses pisarán la Luna (Fuente: NASA)

Es interesante pararse a comprobar la enorme financiación que recibió la NASA durante aquellos años. En el proyecto Apollo trabajaron unas 400 mil personas a lo largo y ancho de todo el mundo y el gobierno norteamericano destinó alrededor del 3% del presupuesto federal a su Agencia Espacial. Una cantidad de dinero exagerada, sobre todo si se tiene en cuenta que a día de hoy lo invertido en la NASA ronda el 0,2%.

Para Alberto Martos, ingeniero técnico de telecomunicaciones que trabajó para la NASA en la Estación Espacial de Fresnedillas (Madrid) durante 15 años, “el proyecto Apollo fue todo un orgullo nacional, un proyecto del pueblo, de la gente, y eso provocó que las grandes cantidades de dinero invertidas no fueran nunca un problema. En contraposición al plan estadounidense, el programa soviético se llevó a cabo en el más riguroso secreto, primero para ocultar los fallos y segundo para tratar de sorprender a sus rivales”, añade. Tal vez fuera ésta la clave de su fracaso.

Comienza la apuesta estadounidense

El proyecto Apollo, que tenía como fin posar un hombre en la Luna y traerlo de vuelta a la Tierra, era un proyecto ambicioso, caro y muy complejo. Por ello, para desarrollarlo, antes fue necesario atravesar con éxito una serie de fases previas. En concreto dos: los proyectos Mercury y Gemini, en los cuales se trabajó en cosas como el acoplamiento de dos naves en vuelo o el tiempo que podía estar un ser humano en el espacio.  Finalmente, en febrero de 1967 está todo preparado para que despegue la primera misión Apollo, la cápsula Apollo 1.

El plan previsto estaba, hasta el momento, cumpliéndose, y los objetivos propuestos por Kennedy parecían alcanzables. Sin embargo, todo se torció el 23 de febrero de 1967, cuando, en una simulación de lanzamiento, la cápsula se incendió de forma inesperada y los tres astronautas que se encontraban en su interior –Virgil Grissom, Ed White y Roger Chaffe– quedaron calcinados en cuestión de segundos.

El Apollo 1 tras el incendio (Fuente: SPACE)

“Fue una tragedia, es cierto, pero el incendio del Apollo 1 les permitió reconocer un puñado de problemas y fallos de diseño en la nave”, explica Clemente. Tras el incendio del Apollo 1 el diseño de la cápsula se modificó sustancialmente: se eliminaron todos los materiales combustibles, se instaló un nuevo modelo de escotilla más sencilla de abrir, se reforzó el escudo térmico y las conducciones eléctricas recibieron aislamiento adicional. 

Del Apollo 1 al Apollo 11

El drama del Apollo 1 se produjo en febrero de 1967. En julio de 1969, apenas dos años más tarde, Neil Amstrong y Buzz Aldrin ponían pie en la Luna. ¿Cómo fue esto posible? Una de las maneras más sencillas de explicarlo consiste en ilustrar la figura de Werner von Braun, el homólogo norteamericano de Korolev.

Von Braun posa con su creación, el cohete Saturn V (Fuente: NASA)

Von Braun, polaco de nacimiento, trabajó en el diseño de los cohetes balísticos nazis durante la II Guerra Mundial. Con la derrota alemana fue “fichado” por el ejército norteamericano. “De alguna manera, fue él quien diseñó el cohete que lanzó al primer americano al espacio (un Redstone), y fueron y él y su equipo quienes diseñaron los cohetes Saturno y en concreto el Saturno V, que sería el cohete que llevaría al hombre hasta la Luna”, cuenta Clemente.

Durante las misiones Apollo 7, 8, 9 y 10 se trabajó para comprobar que todas las fases de vuelo funcionaban a la perfección. Seguramente, los momentos más delicados eran la separación y el acople posterior entre el módulo de mando y el módulo lunar, la pequeña y delicada nave que debía posarse sobre la superficie de la Luna con dos astronautas en su interior. Los dos procesos, separación y acople de ambos módulos, debían realizarse en órbita lunar, lo que complicaba aún más la tarea.

El 16 de julio de 1961 despegó el cohete Saturno V de la misión Apollo 11. Con tres astronautas a bordo –Neil Amstrong (comandante), Michael Collins (piloto del módulo de mando) y Buzz Aldrin (piloto del módulo lunar) –, el trayecto hasta la Luna fue rutinario, sin sobresaltos. Tres días después del despegue los astronautas entraron en órbita lunar, lo que indicaba que ya estaban listos para la separación.

Amstrong y Aldrin ocuparon el módulo lunar y Collins quedó como único integrante del módulo de mando, que quedaría orbitando la Luna mientras esperaba el regreso del Eagle (como se llamaba al módulo lunar) para su posterior acople.

El módulo lunar fotografiado desde el módulo de mando

Como es obvio, la fase más complicada y arriesgada fue el aterrizaje del Eagle en la Luna, pues era la única acción que no se había realizado hasta el momento. “Los últimos dos minutos y medio los realizó Amstrong de forma manual, que tuvo que corregir la dirección en el último momento porque el autopiloto les llevaba a aterrizar en una zona de rocas”, narra Clemente.

El módulo lunar se posó, finalmente, en Tranquilty Base, una inmensa llanura sin apenas relieve. A pesar de que estaba planeado para cuatro horas después, Amstrong se adelanta al plan previsto y decide salir al exterior.

Fue en ese instante, al posarse sobre la superficie lunar, y ante la atenta mirada de millones de personas que seguían los hechos por televisión, cuando Amstrong pronuncia la conocida sentencia: “Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Resulta paradójico que la frase probablemente más conocida de la historia fuera concebida, según declaró el mismo Amstrong, escaso tiempo antes, una vez ya aterrizado en la Luna. 

Buzz Aldrin saliendo por primera vez del módulo lunar (Fuente: NASA)

¿Por qué no se ha regresado a la Luna?

A decir verdad, sí que hemos regresado. Entre 1969 y 1972 se realizaron seis misiones Apollo más, hasta el Apollo 17. De todas ellas, solo la misión Apollo 13 sufrió un error, impidiendo a los astronautas llegar a posarse en la Luna. En diciembre de 1972, el Apollo 17 llevó a los últimos tres seres humanos hasta nuestro satélite.

Es curioso que fuera en esta última misión cuando viajó por primera vez un investigador (un geólogo), lo que prueba el escaso interés científico del proyecto. “El proyecto Apolo no fue ni un proyecto científico ni un proyecto militar, fue un proyecto de prestigio. Simple y llanamente. Puede ser, incluso, que los vuelos posteriores al Apollo 11 se realizaran para que todo aquello no pareciera un asunto de mera propaganda”, declara Clemente.

En el Apollo 17 se llevó hasta un vehículo (Fuente: NASA)

En todo caso, las preguntas surgen casi sin pretenderlo: ¿volveremos a la Luna? ¿tiene interés científico regresar? ¿es necesario que vayan seres humanos hasta allí? “Los chinos están siguiendo el mismo plan que los americanos, pero quemando etapas, pues tienen la ventaja de que mucha tecnología que ahora se utiliza ya fue desarrollada hace 50 años. Por ahora se sabe que están construyendo un cohete de medidas similares al Saturn V, y ya me dirás para que lo quieren si no es para volar a la Luna”, contesta Rafael Clemente.

Alberto Martos va más allá y explica que, en su opinión, “el interés de los chinos es puramente económico. En la Luna existe la posibilidad de extraer materiales que en la Tierra ya no son tan comunes, como por ejemplo el titanio. Pero además de eso, en la Luna hay un isótopo que se produce en el Sol y que se obtiene a través del helio. Este isótopo, conocido como helio-3, se halla depositado sobre la superficie de las rocas lunares y es interesante porque es una energía nuclear limpia, no radiactiva”.

La sonda china Chang’e-4 logró posarse en la cara oculta de la Luna hace escasos meses (Fuente: SpaceNews)

El helio-3, muy buscado para ser usado en investigación de fusión nuclear, es raro en la Tierra pero abundante en el universo, pues se produce en Sol y se expande a través del viento solar. A la Tierra acaba llegando en escasas cantidades debido a que la atmosfera lo rechaza, pero la Luna, al carecer de atmósfera, alberga cuantiosas cantidades de helio-3 en su superficie rocosa y polvorienta.

“Los países que son deficitarios en energía, como Japón, China, la India e incluso Israel, están interesados en conseguir este helio-3”, cuenta Martos. “Estados Unidos, por el contrario, jamás ha declarado tener interés por este isótopo. Allí, mientras haya petróleo, no creo que haya interés conseguirlo”. “Por otro lado, es una pena que desde Europa no estemos ahondando más en este asunto tan interesante”, zanja.

Este reportaje se publicó en el número 108 de la revista ‘Universo’ (julio de 2019). La revista ‘Universo’ es una publicación perteneciente al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

Aixa de la Cruz: “La culpa fue el motor inicial que me condujo a escribir ‘Cambiar de idea”

Aixa de la Cruz acaba de publicar Cambiar de idea (Caballo de Troya, 2019), un libro que mezcla ficción, memorias y ensayo en el que se abordan temas como la misoginia, la conducta sexual o los recuerdos del pasado.

“Y será porque me crié en un entorno laico, pero a mí no me parece que la culpa sea algo tan terrible. La culpa es el material con el que se fabrica la justicia poética, el castigo para las penas que prescriben o no se tipifican… En fin, que esta es la idea: narrar mi trayectoria, mis 30 años de delitos menores, para demostrar que casi todo lo que me avergüenza tiene que ver con un defecto tan paradójico como el de la misoginia”.

Este es uno de los párrafos clave que ayudan a comprender el proceso de cambio ideológico al que se vio sometida la escritora Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) durante el año 2017, coincidiendo con la popularización del hashtag #MeToo y el surgimiento del debate público creado en la sociedad española en torno al juicio de La Manada.

“La verdad es que este libro es el resultado de haber depurado un texto muchísimo más largo que existió anteriormente, y en el que, de una manera explícita, me planteaba hacer una especie de registro de las pequeñas o grandes culpas que me atenazaban. Y, bueno, todo esto en el libro aparece, todas estas experiencias en las que yo me sentía copartícipe de los abusos de los demás, por haber callado o por no haber denunciado”, explica la autora a Conocer.

Su problema con las mujeres

A la temprana edad de 19 años, De la Cruz se casó (con un hombre, es importante aclararlo) y se fue a vivir a México. “Por aquel entonces no me consideraba feminista. Ni siquiera me gustaba ser mujer. ‘Mujer’ era un partido que no representaba mis valores”, narra en un fragmento de Cambiar de idea.

La pregunta resulta evidente: ¿cuál era tu partido entonces y cuál es ahora? “Bueno, en México viví cuando era muy joven. Es complicado. Sigo pensando que mujer no es nada, que la etiqueta de mujer representa únicamente el nombre que se le pone a nuestra opresión. Lo que me molestaba mucho del feminismo era esa vocación como de asentar en una realidad sólida la idea de mujer. Siempre era como ‘las mujeres somos…’, y yo pensaba: ‘pero por qué tienen que hablar en mi nombre, yo no soy mujer, yo no quiero formar parte de esta herida’”.

“Y después –prosigue–, como cuento en el libro, me he ido moviendo paulatinamente desde la idea de ‘todo lo que se asocia con lo femenino es algo que hay que romper, son los moldes que nos ha impuesto el poder’, a acabar entendiendo que lo femenino es algo que está proscrito y que nos ayudaría socialmente a mejorar muchísimo. En resumen, soy mujer, pero he sido muy poco femenina, y ahora estoy aprendiendo a reconciliarme con estos valores que han sido tan denostados por ser considerados femeninos, pero que esencialmente no tienen nada de negativos”.

Cambiar de idea es una obra compleja de clasificar. Con pinceladas de novela, de ensayo y de memorias, en el texto se entremezclan géneros para acabar construyendo un librito total. “Inicialmente parte siendo una autoficción, pero a medida que el libro evoluciona se va convirtiendo en un autoensayo. La experiencia deja de estar tan en el centro y se vuelve un pretexto para la elucubración más o menos teórica o más o menos ensayística, para reflexionar sobre diversos temas sociales. Y esto se va acrecentando más según el libro avanza. Así que sería una cosa híbrida entre la autoficción y el ensayo”, explica la autora.

Con 24 años y un divorcio, tras su estancia en México, Aixa se instala en Granada. “Desde que me fui de casa de mis padres he vivido en siete ciudades distintas y en ninguna de ellas más de nueve meses. Los mejores años, o los que más idealizo, son los que pasé en Granada mientras estudiaba el máster. Tenía 24 años y una asignación de 600 euros al mes que se estiraba milagrosamente gracias a un alquiler simbólico, a las tapas generosas y a las compañeras rusas y alemanas que venían de la cultura del frío y tenían la costumbre de celebrar fiestas en sus apartamentos con galletas que horneaban ellas mismas”, relata en el libro.

“Nunca había estado en discotecas, y fui a discotecas. Nunca me había drogado, y probé la cocaína, el speed y el éxtasis. Nunca me había acostado con mujeres, y me acosté con mujeres. Comprendí que a los veintipocos el mundo se rige por el deseo y que, por alguna compleja combinación de factores, cotizaba alto en ese mundo”, escribe.

El libro está repleto de agudas ideas e inteligentes observaciones acerca de la feminidad, las teorías de género o la propiedad del cuerpo. “Por las mañanas asistía a clases de materialismo cultural y teoría feminista y de género y adquiría el marco teórico que aportaba trascendencia a cuanto hacía por las noches”, explica en Cambiar de idea.

En el libro, Aixa nombra a filósofas e intelectuales tan importantes como Paul B. Preciado, Virginie Despentes o Judith Butler. También le preguntamos sobre cómo ha sido su relación con las teorías feministas y queer a lo largo de los años (la teoría queer es un conjunto de ideas sobre el género y la sexualidad de las personas que sostiene que los géneros, las identidades sexuales y las orientaciones sexuales no están esencialmente inscritos en la naturaleza humana, sino que son el resultado de una construcción social, variando en cada sociedad. Los postulados queer cuestionan la sexualidad dominante, pues se ampara en categorías binarias, universales, fijas y mutuamente excluyentes, tales como hombre/mujer o heterosexual/ homosexual). A dicha cuestión, De la Cruz responde: “Cuando empecé a leer textos feministas conecté mucho con la teoría queer, porque se centraba en deconstruir categorías. Como, por ejemplo, la categoría ‘mujer’, en la que ya digo que no me sentía nada cómoda. Pero, con el paso del tiempo, me di cuenta de que había leído a estas filósofas de una forma que no era correcta del todo. La teoría queer, de alguna manera, me ayudó a pensar sobre cómo lo masculino era necesariamente lo universal, lo positivo, y que lo único a deconstruir era lo femenino. Lo que yo quería abandonar era lo femenino”.

Las filósofas Beatriz Preciado (ahora Paul B. Preciado) y Judith Butler

Y sigue: “Sin embargo, últimamente he sufrido una especie de vuelta al cuerpo, porque esta idea de negar todas las categorías relacionadas con ‘mujer’ y ‘hombre’ me había conducido a negar un poco lo corpóreo. Ahora me interesa mucho esa idea de la vuelta al cuerpo, es decir, legitimar e indicar todo aquello que es corpóreo: me he movido de entender que mujer no era nada y, por tanto, sentirme cómoda en una especie de utopía sin género, a poco a poco volver más a lo tangible, a lo palpable”.

El cambio de paradigma, de idea, como se titula el libro de Aixa, sucede hace más o menos un año y medio, aunque “es difícil establecer una fecha concreta”. La autora cuenta que el proceso de cambio más radical tuvo lugar en 2017, “a raíz de todos los testimonios que salieron como consecuencia del #MeToo, y también con el modo que a nivel social se recibió el juicio de La Manada, con los discursos que se escuchaban en la opinión pública durante aquellos meses. Con el caso de La Manada, por ejemplo, me di cuenta de lo importante que es el cuerpo de una mujer, y esa imagen fue importante para mí, para dejar lo teórico y lo etéreo y regresar a lo real, por decirlo así”.

Aixa de la Cruz, además de Cambiar de idea, ha publicado novelas como La línea del frente (2017) o libros de cuentos como Modelos animales (2015), ambos editados por la editorial Salto de Página. Sobre si se siente parte de una generación de autores y autores jóvenes, nacidos a finales de los años 80 y comienzos de los 90, dice que “el tema de las generaciones es siempre complejo” y que desconoce si tienen en realidad mucho sentido.

“En cualquier caso, lo que puedo decir es que por primera vez me siento profundamente honrada de que pongan mi nombre junto a otros nombres de esa generación en particular. Me siento honrada de que se me compare con Cristina Morales, con Sabina Urraca o con Luna Miguel. Son autoras a las que admiro, a las que leo, y las que creo que están proponiendo las cosas más interesantes que últimamente estoy leyendo. Más allá de eso, veo algunos puntos en común e hilos conductores, pero en general me parece un asunto complicado porque es difícil establecer vínculos”, explica.

Por último, al ser preguntada sobre proyectos literarios futuros, Aixa explica, entre risas, que está embarazada: “Mi proyecto se llama Noa, y va a nacer a principios de mayo, con eso ya tengo novela para un par de años. Hablando en serio, en general, soy muy ansiosa con mi producción, siempre que estoy presentando un libro estoy pensando ya en el siguiente, pero esta es la primera vez que no me pasa, lo que me parece buena señal. Tengo ganas de callarme y eso me parece positivo. Siempre escribo cuando quiero decir algo, pero por primera vez me he quedado tranquila, me he expresado como quería y he soltado muchas cosas que me hacía falta decir”.

Este reportaje se publicó en el número 107 de la revista ‘Conocer’ (mayo de 2019). La revista ‘Conocer’ es una publicación perteneciente al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

50 años del nacimiento de Internet: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

En 2019 se cumplen 50 años de la creación de Internet. En apenas medio siglo, lo que en un principio nació como un experimento académico que tenía como fin mejorar las comunicaciones militares norteamericanas, el paso del tiempo ha acabado transformándolo en el pilar fundamental sobre el que desarrollamos nuestras vidas.

Resulta complejo establecer una fecha que determine de manera estricta el inicio de Internet. Sin embargo, si queremos ser rigurosos, debemos remontarnos 60 años atrás. Fue en el año 1959 cuando el ingeniero estadounidense Leonard Kleinrock presentó su tesis doctoral Information flow in large communication nets, un documento en el que se hablaba por primera vez de la “teoría del empaquetamiento y conmutación de mensajes”.

Este descubrimiento tecnológico resultó importantísimo porque, básicamente, permitió fragmentar la información en múltiples contenedores que después se enviaban por la red de forma independiente.

Seis años más tarde, en 1965, el National Physical Laboratory del Reino Unido dio con una técnica que posibilitó la transmisión de largos mensajes de datos separándolos en paquetes y almacenándolos temporalmente en nodos informáticos.

Por aquellos años, el Departamento de Defensa estadounidense, en plena Guerra Fría y atento a los avances informáticos que estaban realizándose, encargó la construcción de una red de comunicaciones que permitiese a las diferentes instituciones estatales y académicas intercambiar mensajes de forma segura. Así nació, el 29 de octubre de 1969, ARPAnet, el germen del Internet que actualmente conocemos.

El enigma original: la conexión de redes diferentes

Que la financiación de ARPAnet provino del ámbito militar es indiscutible. Sin embargo, el proyecto tuvo fines civiles desde el principio, como demuestra el hecho de que siempre fuera un plan público, no clasificado. De hecho, en los años 70 comenzaron a unirse a la red empresas e instituciones educativas, lo que prueba el interés de ARPAnet por desmarcarse del ámbito militar.

Es en este momento cuando comienzan a surgir redes similares en todo el mundo, aunque todas ellas con un inconveniente común: su incapacidad para intercambiar mensajes entre sí, pues utilizaban protocolos diferentes para la transmisión de datos. Esta cuestión, el gran problema original, impedía el desarrollo de ARPAnet fuera de las fronteras estadounidenses.

En 1971 se creó el correo electrónico y en 1974 se produjo otro hito clave: Vinton Cerf y Bob Kahnla publicaron el Protocolo TCP/IP, lo que dio solución al problema de interconexión entre redes diferentes. La instauración del TCP/IP fue algo así como la creación de un idioma común que todos los ordenadores del mundo debían conocer para poder conectarse entre sí a través de la red.

Vinton Cerf, uno de los creadores del protocolo TCP/IP

Establecido el anhelado lenguaje universal, es en 1991 cuando se produce el salto definitivo: el 7 de agosto de ese año Tim Berners-Lee presenta la World Wide Web, el sistema que permitió conectar distintas páginas web a través de hipervínculos, posibilitando así la creación de una enorme red de textos y documentos vinculados unos con otros.

“No fue hasta que apareció Berners-Lee cuando Internet llegó al público general. Hasta el momento se mandaban correos, ficheros… Pero con la web se empezó a intercambiar información”, explica Jorge J. Gómez, profesor de la Facultad de Informática de la Universidad Complutense de Madrid. De esta forma, junto con el desarrollo de los primeros navegadores, nació el Internet comercial.

El plan inicial de Berners-Lee, el de democratizar el conocimiento y la compartición de información, se mantiene hasta hoy, aunque solo en teoría, pues en términos prácticos la realidad indica que un reducido número de grandes empresas controla la información de los usuarios.

“Siempre he creído que la Web es para todos. Es por eso que yo y otros luchamos ferozmente para protegerla. Los cambios que hemos logrado traer han creado un mundo mejor y más conectado. Pero a pesar de todo lo bueno que hemos logrado, la Web se ha convertido en un motor de inequidad y división, influenciado por fuerzas poderosas que la utilizan para sus propios intereses”, escribió Berners-Lee hace escasos meses en un post público.

Somos Internet e Internet es nosotros

Ahora que sabemos cómo nació Internet, resulta necesario comprender cómo funciona la Red en la actualidad, en pleno 2019, con la magnitud e importancia que actualmente posee, y cómo nos afecta a nosotros, los usuarios.

Hacia mediados de la primera década del siglo XXI se desarrolló lo que popularmente se conoce como “la Web 2.0”. Según Jorge J. Gómez, “la Web 2.0. trajo consigo un nuevo concepto de tecnología. Los usuarios se convierten también en creadores de información y contenidos, y no solo en receptores. El acto de cocrear se puso de moda, y desde entonces no nos ha abandonado”. Ejemplos de Web 2.0. podrían ser las aplicaciones web, las redes sociales, las wikis o los blogs.

Nuestra relación con Internet es cada vez más intensa y compleja. Por ejemplo, a día de hoy resulta imposible comprender la gran mayoría de entornos laborales sin las facilidades comunicativas que otorga el correo electrónico. Sin embargo, a pesar de que la presencia de Internet en nuestras vidas es constante e inevitable, resulta necesario, y probablemente ahora con más motivo, saber cómo este nos afecta y nos expone a ciertos peligros o situaciones de inferioridad no consensuada.

Jorge J. Gómez habla del término “nativo digital” y de cómo le damos a este un significado, en muchas ocasiones, erróneo. “El concepto lo hemos reinterpretado de otra forma: un consumidor activo de productos tecnológicos, pero sin capacidad de intervención. La única decisión del usuario, del nativo digital, es compro o no compro, pero nada más. E igual lo correcto no es decidir si compro o no compro, sino saber qué es lo que la empresa me va a ofrecer realmente con su producto. Creo que convivimos con una tecnología que no terminamos de entender”.

En la actualidad encontramos dos conceptos que parecen conducirnos a lo que será el Internet del futuro: el Internet de la Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) y la inteligencia artificial (IA). ¿Qué es el Internet de las Cosas? “El IoT conecta a los usuarios a Internet sin necesidad de un contexto previo. El IoT te trae el Internet de las cosas a tu coche, a tu casa, a tu calle, a tu edificio”, contesta Gómez, que además de ser profesor en la Complutense también coordina el Máster del Internet de las Cosas en la misma universidad.

“Se han abaratado tanto las tecnologías que ahora puede usarlas cualquiera. Cualquier elemento que tú ves por ahí es susceptible de estar conectado a Internet, transmitiendo información a otro sitio”. El Internet de la Cosas es interesante sobre todo cuando se aplica a ciertos ámbitos, explica Gómez. “Una aplicación que ha funcionado muy bien y ha cambiado mucho la vida de los mayores son los botones de pulsación de emergencia. Esto, en muchos casos, es tecnología IoT. Tenemos ya servicios para detección de caídas. Ya no necesitas, en principio, pulsar un botón para que se sepa que una persona se ha caído”.

La inteligencia artificial, por otro lado, “son básicamente algoritmos que te facultan la toma de decisiones, bien sea de forma autónoma o asistida. Y para poder llegar a ese punto se necesitan datos, datos que proporciona, por otro lado, el Internet de las Cosas”.

En ocasiones se confunde la estadística con la inteligencia artificial. Gómez lo aclara: “la inteligencia artificial, a diferencia de la estadística, implica aprendizaje. La inteligencia artificial utiliza data sets (conjuntos de datos etiquetados o no) para poder inferir algo que después clasifica”. Algunos usos interesantes de la IA pueden ser los reconocedores faciales, programas para el reconocimiento del habla o su utilización aplicada a la robótica.

“En la robótica encontramos cosas muy interesantes y positivas”, comenta Gómez, “como, por ejemplo, OpenBionics, que es una empresa del Reino Unido que se dedica a hacer prótesis para personas con pocos recursos económicos. Hacen unas prótesis espectaculares”.

La idea de todo este enorme e imparable progreso tecnológico está, en definitiva, en encontrar una combinación adecuada entre lo que ésta nos puede aportar sin quitarnos cosas que ya tenemos, como la privacidad. “Creo que de ahora en adelante va a haber un trabajo bastante interesante en crear esferas o ámbitos de privacidad. En decir ‘ahora no quiero que me molesten’, ‘ahora no quiero que vean lo que estoy haciendo’”, subraya.

“A mí me gustaría ver un futuro en esos términos, donde la injerencia de la tecnología dentro de mi ámbito personal estuviera consensuada, y no consensuada desde el punto de vista de ‘esto es lo que hay’, como Google, que es lo tomas o lo dejas, sino desde el punto de vista de que el consumidor tenga otras alternativas”.

Este reportaje se publicó en el número 107 de la revista ‘Conocer’ (mayo de 2019). La revista ‘Conocer’ es una publicación perteneciente al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

Aixa de la Cruz: “Lo único que yo quería abandonar era lo femenino”

Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) publica Cambiar de idea (Caballo de Troya, 2019), un libro que mezcla ficción, memorias y ensayo y en el que se abordan temas como la misoginia, la conducta sexual o los recuerdos del pasado.

¿Cómo categorizarías ‘Cambiar de idea’? ¿Novela, crónica, ensayo, memorias…?

La verdad es que difícil de calificar. De hecho, algo que me gusta del libro es que sea difícil caracterizarlo dentro de géneros. Inicialmente sí que parte de una propuesta de autoficción más o menos clásica. Es decir: son unas memorias en las que necesariamente se acaba mezclando realidad con ficción.

Creo que la autobiografía pura es imposible. Siempre que intentamos interactuar con la experiencia se pierde muchísimo. La mera propuesta de estilo, por ejemplo, ya hace que los hechos se maleen.

Así que sí, inicialmente parte siendo una autoficción, pero a medida que el libro evoluciona se va convirtiendo en un “autoensayo”. La experiencia deja de estar tan en el centro y se vuelve en un pretexto para la elucubración, más o menos teórica o más o menos ensayística, para reflexionar sobre diversos temas sociales. Y esto se va acrecentando más según el libro avanza. Así que sería una cosa híbrida entre la autoficción y el ensayo.

Uno de los aspectos que más me llamó la atención es la forma que tienes de exponerte de manera tan explícita. Pensamientos, acciones, incluso dar nombres propios de otras personas… No sé si para ti esto llegó a ser un problema en algún momento.

Bueno, sin duda este era el riesgo principal, pero era un riesgo que yo quería correr. El texto lo escribí casi en su totalidad a finales de 2017, que es un periodo que coincide en el tiempo con la popularización del hastag #Metoo y la forma en que, al menos en mi vida cotidiana, empezó a tener mucha presencia los testimonios en primera persona de mujeres que se atrevían a narrar sus experiencias de violencia sexual.

Cuando tú tratas con honestidad un relato y dices “me ha pasado esto”, de manera espontánea, y casi por inercia, se genera un debate en el que te devuelven la pelota. La honestidad, de alguna manera, se paga con honestidad. Y en este texto había una voluntad de devolverles el regalo que había supuesto para mí escuchas a estas mujeres. Quería devolver el gesto siendo absolutamente honesta con respecto a mí experiencia, tanto como víctima como a veces de verdugo.

Uno de los temas que más presente está en tu obra es la culpa. De hecho, has dicho que la culpa fue lo que te condujo a escribir ‘Cambiar de idea’. ¿Qué es para ti la culpa y cómo crees que puede expiarse? ¿Cómo relacionas tú el sentimiento de culpa y la necesidad de escribir este libro?

La verdad que este libro es el resultado de haber depurado un texto muchísimo más largo que existió anteriormente, y en el que de una manera explícita me planteaba, de alguna manera, hacer una especie de registro de las pequeñas o grandes culpas que me atenazaban. Y, bueno, todo esto en el libro sí que aparece. Todas estas experiencias en las que yo me sentía copartícipe de los abusos de los demás por haber callado o por no haber denunciado.

¿Por qué esa necesidad de ser juzgada por terceros?

Es cierto que la culpa fue el motor inicial que me condujo a escribir ‘Cambiar de idea’, pero también creo que al final termino dejando la culpa atrás. Cuando nos vemos en planos de violencia que tienen un claro origen estructural, la culpa individual no sirve para nada. Incluso diría que me parece un poco corta de miras.

Esto no significa que no tengamos nada de responsabilidad individual, no propongo eso, pero si nos quedamos en el “yo”, en la culpa personal, cuando los orígenes de las violencias tienen un componente estructural, nos estamos quedando ciegos.

En este libro creo que hay una voluntad de, más que darme con el látigo a mí misma, narrar el proceso por el que yo he pasado. Decir: “esto es lo que yo he descubierto analizándome”. He sido injusta conmigo misma en algunas ocasiones, sí, pero creo que de todo ello termina saliendo algo positivo.

En un momento del libro hablas de la inexistencia de fronteras entre crónica, memorias, autoficción y ficción. Y dices que “escribir es recordar y recordar es siempre un acto imaginativo”. ¿Puedes desarrollar un poco esta idea?

Esta es una de mis obsesiones. Es un asunto que también trate en la novela ‘La línea del frente’, un libro que trata precisamente sobre eso, sobre cómo rellenamos las lagunas de nuestra memoria con la información que nos dan hasta que construimos un relato que no tiene porqué ser veraz para que funcione, sino que únicamente tiene que ser coherente.

No estoy a favor del relativismo absoluto al que este tipo de ideas nos pueden conducir. Es decir, no digo que no haya diferencias entre veracidad y falsedad, pero en el plano de la literatura (e incluso de la Historia) sí que me parece importante conocer esto. Los propios mecanismos de la escritura te obligan a ello: al final escribir es seleccionar, es sesgar.

En el libro, por ejemplo, aparecen historias reales pero transformadas, para que la gente que las protagoniza no se viera expuesta. Esto creo que ocurre en muchos ámbitos. Ocurre con la memoria personal, con la memoria colectiva…El propio acto de traducir los hechos puros en un relato ya implica que se pierden cosas.

Has escrito novelas, relatos y ahora esta especie de ficción autobiográfica/ensayo autobiográfico. ¿Con qué genero te encuentras más cómoda?

La verdad es que estoy muy contenta con este libro porque para mí supone un hallazgo personal importante. Por primera vez estoy cómoda tanto con la voz como con la propuesta. Escribiendo ficción siempre me he sentido algo así como una farsante, no terminaba por sentirme cómoda del todo.

A mí me gusta mucho la academia, la teoría, y la ficción no casa bien con la teoría. A no ser que seas Borges, si intentas mezclar ambas cosas acaban quedando propuestas muy oscuras o muy pedantes. Al final de esta novela tiene lugar algo, esta especie de mezcla entre el ensayo y la autobiografía, que me interesa mucho, y la verdad es que creo que me voy a quedar aquí.

O sea que crees que el ensayo, o un texto más teórico, por así decirlo, te encaja más con lo que tú quieres hacer

Sí, exacto, me interesa mucho el ensayo, pero el ensayo en el que la figura del yo, la subjetividad, tiene una importancia vital. Un ejemplo de esto es Paul B. Preciado, que ha intentado que en sus ensayos se muestre que el texto parte siempre de un sujeto situado, con todos sus sesgos e influencias.

Me interesa mucho eso, me interesa escribir ensayo, pero remarcando todo el rato que no tengo una voz pasiva que pertenece a alguien, sino que la voz es mía, que si escribo sobre algo es porque yo tengo un dolor particular detrás de esa preocupación, y que por tanto no es gratuito partir de lo biográfico para disertar sobre algo. Me parece que esta forma, de hecho, es la única forma honesta de hacer pensamiento

De tu periodo viviendo en México, cuando tenías 19 años, escribes: “por aquel entonces no me consideraba feminista. Ni siquiera me gustaba ser mujer. Mujer era un partido que no representaba mis valores.” ¿Cuál era tu partido entonces y cuál es ahora?

Bueno, en México viví cuando era muy, muy joven. Es complicado…sigo pensando que mujer no es nada, que la etiqueta de mujer representa únicamente el nombre que se le pone a nuestra opresión. A mí lo que me molestaba mucho del feminismo, en sus orígenes, era esa vocación como de asentar en una realidad sólida la idea de mujer.

Siempre era como “las mujeres somos…”, y yo pensaba: “pero por qué tienen que hablar en mi nombre, yo no soy mujer, yo no quiero formar parte de esta herida”. Cuando me di cuenta de que ser mujer es pertenecer a un grupo oprimido, nada más esencial que eso, yo me quería rebelar contra ello sin haber entendido muy bien la genealogía de la que proviene todo el asunto.

Y bueno, como cuento en el libro, me he ido moviendo paulatinamente desde la idea de “todo lo que asocia con lo femenino es algo que hay que romper, son los moldes que nos ha impuesto el poder” a acabar entendiendo que lo femenino es algo que está proscrito y que nos ayudaría socialmente a mejorar muchísimo.

Soy mujer, pero he sido muy poco femenina, y ahora estoy aprendiendo a reconciliarme con estos valores que han sido tan denostados por ser considerados femeninos pero que esencialmente no tienen nada de negativos.

En el libro mencionas ‘Testo yonki’ de Paul B. Preciado, a Virgine Despentes y a Judith Butler… ¿Cómo ha sido tu relación con las teorías feministas y queer a lo largo de los años? ¿qué filósofas y teóricas destacarías?

A finales de mi adolescencia y principios de la veintena, cuando empecé a leer textos feministas, conecté mucho más con la teoría queer porque se centra mucho más en deconstruir categorías. Como por ejemplo la categoría “mujer”, en la que ya digo que no me sentía nada cómoda.

Pero con el paso del tiempo me di cuenta de que había leído a estas filósofas de una forma que no era correcta del todo. La teoría queer, de alguna manera, me ayudó pensar sobre cómo lo masculino era necesariamente lo universal, lo positivo, y que lo único a deconstruir era lo femenino. Lo único que yo quería abandonar era lo femenino.

Pero últimamente he sufrido una especie de “vuelta al cuerpo”, porque esta idea de negar todas las categorías relacionadas con “mujer” y “hombre” me había conducido a negar un poco lo corpóreo. Me interesa mucho esa idea de la vuelta al cuerpo, es decir, legitimar e indicar todo aquello que es corpóreo. En fin, que me he movido de entender que mujer no era nada, y por tanto sentirme cómoda en una especie de utopía sin género, a poco a poco volver más a lo real, a lo palpable.

¿Y en qué momento, si puedes establecerlo en una línea cronológica, modificas tus ideas relacionadas con estos asuntos?

Pues es difícil señalar una fecha concreta en el tiempo, pero el proceso de cambio más radical que he tenido tuvo lugar en 2017, a raíz de todos los testimonios que salieron como consecuencia del #Metoo, y también con el modo que a nivel social se recibió el juicio de La Manada, con los discursos que se escuchaban en la opinión pública durante aquellos meses.

Con el caso de La Manada, por ejemplo, me di cuenta de lo importante que es el cuerpo de una mujer, y esa imagen fue importante para dejar lo teórico y lo etéreo y regresar a lo real, por decirlo así.

En una parte del libro dices: “a las primeras feministas se las impuso un canon en el que jamás hallaron su voz”. ¿Cuál fue ese canon?

Me refiero a que el canon occidental es un canon masculino y, por tanto, todos hemos estudiado literatura en relación a estas grandes e incuestionables figuras, que siempre eran voces masculinas. Y, por tanto, la idea de no hallar tu subjetividad representada en los grandes moldes, en los grandes ejemplos, genera un sentimiento de inferioridad enorme y también una incapacidad para buscar modelos legítimos.

Escribir es siempre dialogar con el pasado, con los que estuvieron antes que tú, y este pasado con el que dialogar de tú a tú nunca estuvo en el caso de las mujeres.

Otra cita del libro: “El avatar de hombre es el traje nuevo del emperador, o el plumaje de los pavos reales: gestos aprendidos que se perciben como talento y que, en su ausencia, lo suplen”. ¿Cuáles son esos gestos que suplen al talento real?

En contextos públicos, de prestigio, diría por ejemplo la capacidad para alzar la voz y liderar una conversación y hablar durante minutos y minutos sin ser interrumpido, y además no sentir pudor al hacerlo.

Con los años he descubierto que hablo muy rápido y de forma muy precipitada, y esto es algo que también veo mucho en otras mujeres. Creo que esto sucede porque no estamos acostumbradas a que nos den la palabra, y cuando se nos da, como sabemos que debemos aprovechar la situación al máximo, no hacemos un uso sosegado del espacio conversacional. Todo esto tiene mucho que ver con haber sido educado en un género o en otro.

 “Nada me asusta más que la genealogía de mis prácticas sexuales”, escribes también en el libro. ¿Cómo es ese “enfrentamiento” entre teoría y deseo?

Ante este tipo de cuestiones siempre pienso en un texto que escribió Gabriela Wiener para ‘eldiario.es’ que me golpeó muchísimo y que me pareció perfecto. En ese artículo Wiener contaba cómo había estado charlando con amigas sobre experiencias de violencia sexual y de qué manera algunas de ellas, que habían sido víctimas de violación, precisamente por culpa de ello se habían pasado toda la vida excitándose con imágenes de violencia. Una de las manifestaciones más crueles del trauma sexual es ese: la manera en que lo que te victimiza al final acaba construyendo tu propio deseo.

Y esto pasa a diferentes niveles. En las fantasías sexuales de todos, por mucho que a nivel teórico hayamos sido capaces de entender lo que significan ciertas imágenes pornográficas o ciertas fantasías, hemos acabado construyéndonos como sujetos a través de ellas, y una deconstrucción completa de la identidad es imposible. Las contradicciones persisten y en muchas ocasiones son dolorosas, pero tampoco creo que haya que hacer demasiada sangre de ello.

¿Crees que, como autora, perteneces a una generación? Es decir, si eres capaz de situarte en una generación de autores y autoras nacidos a mediados y finales de los ochenta y comienzos de los 90. En caso de que esta generación exista, ¿cómo la describirías?

La verdad es que el tema de las generaciones es siempre complejo, y no sé si tienen en realidad mucho sentido. No sé si son inventos de marketing, si no lo son…En cualquier caso, lo que puedo decir es que por primera vez me siento profundamente honrada de que pongan mi nombre junto a otros nombres de esa generación en particular. Me siento honrada de que se me compare con Cristina Morales, con Sabina Urraca o con Luna Miguel. Son autoras a las que admiro, a las que leo y las que creo que están proponiendo las cosas más interesantes que últimamente estoy leyendo.

Más allá de eso, veo algunos puntos en común e hilos conductores, pero en general me parece un tema difícil porque es complicado establecer vínculos.

De cara al futuro, ¿tienes algún proyecto literario ya en mente o estás trabajando en algo?

Bueno, pues mi proyecto se llama Noa y va a nacer a principios de mayo, con eso ya tengo novela para un par de años (risas). Hablando en serio, en general soy muy ansiosa con mi producción, siempre que estoy presentando un libro estoy pensando ya en el siguiente. Pero esta es la primera vez que no me pasa, lo que me parece buena señal. Tengo ganas de callarme y es algo me parece positivo, porque siempre escribo cuando quiero decir algo. Por primera vez me he quedado tranquila, me he expresado como quería y he soltado muchas cosas que me hacían falta decir.

Gorilas de montaña, el tesoro mejor guardado de África

A comienzos del verano se anunciaba que la población de gorilas de montaña superaba los 1.000 ejemplares. Una excelente cifra si se tiene en cuenta que durante los primeros años de 1970 tan sólo había unos 250 gorilas censados y su existencia corría grave peligro, pues la caza furtiva no dejaba de hacerlos descender en número de manera drástica.

El gorila de montaña se cazaba de forma masiva por dos razones: para vender las crías a los zoológicos de los países desarrollados y para subastar partes de sus cuerpos a personajes adinerados que veían con buenos ojos que la cabeza o las manos de unos de estos animales presidiera el salón de su casa.

La primatóloga Dian Fossey luchó durante los años 70 y 80 por la conservación de este magnífico animal. Sus años de duro trabajo culminaron en 1988, con el estreno de la famosa película de Gorilas en la niebla, con Sigourney Weaver en el papel de la zoóloga californiana. Tres años antes, en 1985, Fossey fue asesinada por las mafias de cazadores ilegales; se había convertido en una amenaza para el negocio de la caza furtiva y eso acabó costándole la vida.

El artículo completo se publicó en VIAJAR. Puedes leerlo aquí.

Airlander 10: un hotel de lujo entre las nubes

Cuando el zepelín Airlander 10 sufrió el segundo accidente de su corta historia, los diseñadores e ingenieros de la aeronave decidieron darle una nueva finalidad al proyecto: construir un dirigible con interiores de lujo para orientarlo al turismo, haciendo de él una especie de hotel 5 estrellas pero, en vez de ubicado en tierra firme, que surcara los cielos.

El Airlander 10 es propiedad de la compañía Hybrid Air Vehicles (HAV), una empresa británica dedicada a la construcción de aeronaves híbridas, poco contaminantes y respetuosas con el medio ambiente. La nueva funcionalidad del Airlander 10, la del turismo de lujo, parece otorgar una nueva vida a este dirigible que, no hace demasiado tiempo, veía como su futuro se ennegrecía con el paso de los meses.

Puedes leer el artículo completo en VIAJAR.

“VENCERÉIS, PERO NO CONVENCERÉIS”: EL MITO DE MIGUEL DE UNAMUNO

El enfrentamiento entre Miguel de Unamuno y Millán Astray el 12 de octubre del 36 en Salamanca puede definirse como “una verdad multiforme y compleja”.

“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España”.

Habitualmente se nos ha enseñado, desde nuestra juventud, que estas fueron las palabras de don Miguel de Unamuno en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936, frente a un público en su mayoría falangista y frente a Millán Astray (fundador de la Legión) y Carmen Polo, la mujer de Franco. Posteriormente, tras las palabras del rector, Astray contestó a éste con los conocidos gritos de: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”.

Y si bien el mito se acerca en gran medida a la verdad, en realidad se desconoce lo que ocurrió exactamente aquel día. No existe ninguna prueba que certifique los hechos de forma detallada. No contamos con material grabado ni con artículos en prensa que recojan las palabras precisas pronunciadas por Unamuno aquella mañana de otoño, cuando apenas habían transcurrido tres meses de Guerra Civil.

A comienzos de 2018 el matrimonio Rabaté (Colette y Jean-Claude), los mayores especialistas en la figura de Miguel de Unamuno en todo el mundo, publicaron un libro que reconstruía todo lo sucedido en torno al escritor vasco durante los años previos y los meses posteriores al inicio de la Guerra Civil, concluyendo con su muerte el 31 de diciembre de 1936.

El libro En el torbellino. Unamuno en la Guerra Civil, editado por Marcial Pons, es un estudio extremadamente minucioso, casi policial, que recoge la amplia correspondencia privada de Unamuno durante aquellos meses, sus artículos en prensa y los escritos y notas que posteriormente dieron forma a la obra El resentimiento trágico de la vida.

Ante la falta de testimonios fiables, el completo trabajo de los Rabaté intenta reconstruir todo lo ocurrido alrededor de Miguel de Unamuno entre los meses de julio y octubre, para así acercarnos con mayor precisión a lo que verdaderamente pudo decir el rector aquel 12 de octubre de 1936. “Durante más de ocho décadas, estudiosos, periodistas e intelectuales han contado y repetido las mismas leyendas y las mismas mentiras, lo que ha contribuido a fortalecer un 12 de octubre mítico”, explica Jean Claude Rabaté.

Miguel de Unamuno y la II República

Unamuno regresa a España en 1930, tras un exilio de casi 6 años durante la dictadura de Primo de Rivera. “Unamuno fue a menudo víctima de la censura, multado y condenado a la cárcel (no cumplió las penas) y después confinado en Fuerteventura en 1924. Más tarde se autoexilió a Francia donde esperó cinco años el fin de la dictadura del General Primo de Rivera”, relata Jean Claude.

En 1931, con la instauración de la II República, Unamuno participa activamente en la vida política del país, llegando incluso a ser diputado independiente. Sin embargo, el ya anciano profesor, que siempre fue un entusiasta defensor de la individualidad, pronto se aleja de las primeras filas del escaparate político, pasando de nuevo a ser la habitual “china en el zapato” del poder. “El desamor de Unamuno no es hacía la República, sino hacia la política desarrollada por los distintos gobiernos de izquierda y de derecha”, detalla Rabaté.

Apoyo a los sublevados y posterior cambio de rumbo

“Ahora el mundo va por otros derroteros: fascismo o comunismo, que convertirán a los hombres en un inmenso rebaño… Hay que imponer el genio individual sobre la masa que todo lo invade”.

El 18 de julio se produce el levantamiento militar que da inicio a la Guerra Civil. Unamuno apoya al bando sublevado desde el principio, y su defensa del golpe militar se ve en Madrid como una enorme decepción. Su decisión se explica en En el Torbellino: “Unamuno desea creer que el golpe militar no es más que una rectificación de la República, un pronunciamiento para corregir la política pasada más que un golpe de estado”. Ahora, más de 80 años después, con la privilegiada visión que nos otorga el paso del tiempo, podemos afirmar que Unamuno erró en su diagnóstico de la situación.

Los meses avanzan y la figura de Unamuno, cada vez más aislada en Salamanca, es utilizada de forma propagandística por el bando sublevado. Se publican tres entrevistas suyas en periódicos extranjeros en las que sus palabras aparecen tergiversadas en favor de los golpistas. “Estas entrevistas, que se difunden más allá de las fronteras de España, forjan entre verdades y mentiras una imagen falseada de Unamuno, pero demoledora y duradera”, explica Rabaté.

A los pocos días de declarar su apoyo a los nacionales Azaña lo destituye del cargo de rector, pero poco más tarde Franco le devuelve todos los puestos de los que había sido apartado, lo que termina por atarlo más a la facción nacional. Aun así, el carácter individualista de Unamuno y su constante tendencia hacia la ambigüedad suscita dudas en el bando franquista. Un ejemplo de ello es un artículo publicado en Falange en 1935, que lleva por título una inquietante pregunta: “¿Unamuno es nuestro?”.

Miguel de Unamuno leyendo en su cama

Son en los meses de agosto y septiembre cuando Miguel de Unamuno comienza a cumplir un papel de mediador, ya convencido de que es imposible la paz. Recibe multitud de cartas de amigos y también desconocidos que le piden ayuda, que confían en su influencia para no ser encarcelados o incluso fusilados.

El rector observa que sus declaraciones en prensa se manipulan y por ello decide dejar de dar entrevistas. Se centra en su correspondencia y en escribir los apuntes de El resentimiento trágico de la vida. Su forma de comprender el conflicto va modificándose y comienza a equilibrar responsabilidades. Es en este momento cuando idea una frase que define ambos bandos: los hunos y los hotros. “Entre los hunos y los hotros están descuartizando España”, escribe.

Los sucesos del 12 de octubre

Unamuno, cansado ya a causa de la edad y en muchas ocasiones desorientado, llega al 12 de octubre, día de la Fiesta de la Raza e inauguración del curso universitario, decepcionado con el papel del golpe militar, ese en el que apenas unos meses atrás había confiado para instaurar un régimen democrático-liberal en España.

Unamuno y Astray se dan la mano el 12 de octubre de 1936 (Salamanca)

Al acto de inauguración, celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, asisten, entre otros, Unamuno (como rector), Carmen Polo (en representación de su marido Francisco Franco), el escritor falangista José María Pemán y Francisco Maldonado de Guevara, profesor catedrático en la Universidad de Salamanca.

El evento se desarrolla entre discursos bélicos y exaltaciones a la patria, alegatos propios de una situación de guerra como la que estaba viviéndose. Unamuno, que en principio no tenía previsto hablar, garabatea en el reverso de una carta que lleva en la mano una serie de conceptos como réplica a los discursos que van desarrollándose. Los brevísimos apuntes escritos en la carta, recogidos por el matrimonio Rabaté en En el torbellino, incluyen ideas como “vencer y convencer”, “odio y no compasión” u “odio inteligencia”.

Lo que dijo textualmente Unamuno se desconoce porque no existen grabaciones del acto, pero sabe que fue un discurso rápido, improvisado. A las concisas palabras de Unamuno contestó, se supone, Millán Astray de forma aún más escueta, entre gritos del público, “¡muera la intelectualidad y viva la muerte!”. Al día siguiente, un periodista de El adelanto que asistió a la ceremonia reprodujo en el periódico los discursos de forma resumida. El mismo periodista silencia, en cambio, la intervención de Miguel de Unamuno.

Entierro de Miguel de Unamuno en Salamanca, el 1 de enero de 1937

Las palabras de Unamuno, entendidas hoy como un acto de valor y de rectitud moral contra la violencia y la locura de la guerra, tuvieron consecuencias catastróficas para el rector. Esa misma tarde fue increpado y expulsado del Casino de Salamanca, lugar al que acudía todas las tardes para charlar con amigos. Fue destituido de todos sus cargos, el de rector y el de concejal, y se vio sometido a una especie de confinamiento velado en su propia ciudad.

Los últimos meses de la vida de Miguel de Unamuno, hasta su muerte el 31 de diciembre de 1936, son descorazonadores. Incluso su entierro, celebrado al día siguiente, es aprovechado por la propaganda falangista. “El día del funeral, sustituyendo a la familia y a los catedráticos, los falangistas se adueñaron del féretro para llevarlo hasta el cementerio. Un par de fotos en la prensa eternizó aquel momento”, relata Jean Claude.

Aislado y con un importante cargo de conciencia, Unamuno escribe, apenas 20 días antes de morir, una carta al director de ABC reveladora y trágica:

“Y ahora debo decirle que por muchas que hayan sido las atrocidades de los llamados rojos, de los hunos, son mayores las de los blancos, los hotros. Asesinatos sin justificación. A dos catedráticos, a uno en Valladolid y a otro en Granada por si eran… masones. Y a García Lorca.

Da asco ser español desterrado en España”.

Este reportaje se publicó en el número 105 de la revista ‘Conocer’ (marzo de 2019). La revista ‘Conocer’ es una publicación que pertenece al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

ARTE CONTEMPORÁNEO PARA CELEBRAR LOS 40 AÑOS DE LA CONSTITUCIÓN

Con motivo de los 40 años de democracia en España, el Museo Reina Sofía, las Cortes Generales y Acción Cultural Española han organizado la exposición ‘El poder del arte’, una muestra divida en dos espacios, Congreso de los Diputados y Senado, que se podrá visitar hasta el próximo 2 de marzo de 2019.

El 6 de diciembre de 1978, hace ahora justamente 40 años, se aprobó la Constitución Española, un acontecimiento histórico clave que dio pie a los años popularmente conocido como los de la Transición, dejando tras de sí el recuerdo de 36 años de dictadura franquista.

El recién instaurado orden democrático trajo consigo, como es lógico, nuevas formas de expresión artística. Conceptos como el de libertad o democracia, e ideas como las relaciones con el poder, la historia o la memoria fueron temas en torno a los que giraron los trabajos de la mayoría de los artistas españoles de aquella época. Y esto es, precisamente, lo que trata de reflejar la exposición El poder del arte a lo largo de los pasillos y salas del Congreso de los Diputados y Senado.

Asimismo, a la exhibición El poder del arte se le suma otra producción complementaria, la muestra Poéticas de la democracia. Imágenes y contraimágenes de la Transición, una exposición ubicada en el Museo Reina Sofía que permanecerá en cartel hasta el 25 de noviembre de 2019.

Sacar a los artistas de los museos

“El arte contemporáneo es un arte transversal”, subraya Joao Fernandes, comisario de la exposición y subdirector del Museo Reina Sofía, nada más comenzar la visita por el Congreso de los Diputados. Una de las ideas clave de El poder del arte es esa, la de llevar a los artistas y sus creaciones a nuevos hábitats alejados de los museos, lugares que en un principio no fueron concebidos para albergar obras de arte.

Este cambio de ubicación produce en las obras nuevas interpretaciones, o al menos interpretaciones que, de estar las obras emplazadas en un museo al uso, quedan notablemente ensombrecidas. Que creaciones con un marcado carácter antisistema o de denuncia, como la obra Democracia fiscal de Juan Luis Moraza o la proyección Portrait de Antoni Muntadas, estén ahora colocadas en los lugares que mejor representan el poder político de nuestro país no deja de ser, en cierto modo, un asunto paradójico e incluso irónico.

Un total de 44 artistas componen la exposición, repartidos además de forma completamente paritaria: 22 hombres y 22 mujeres. Constituida íntegramente por fondos de la colección del Museo Reina Sofía, una de las primeras obras con las que el visitante se topará poco después de penetrar en el Congreso será Cinco figuras sentadas, de Juan Muñoz, una instalación formada por cinco figuras antropomórficas repartidas unas frente a otras como si estuvieran manteniendo entre ellas una airada conversación. Además, uno de los aspectos más interesantes de la obra de Muñoz es el amplio espejo situado tras la escena, en cuyo reflejo se verá revelado el espectador, casi como si él mismo fuera uno más en la charla de los cinco hombres sentados.

Acto seguido, en la Sala del Reloj, el asistente se verá de nuevo interpelado. Con la obra Instant Narrative, Dora García, su creadora, busca colocar al público en el centro de la performance: su comportamiento, su vestimenta o su descripción física aparecerán descritas en una pantalla grande y blanca. El texto mostrado en dicha pantalla lo escribe una persona ubicada en una sala contigua (la Sala de la Constitución) a través de un ordenador.

Diversidad en formas y estilos

Lo que mejor explica el arte realizado durante los siglos XX (a partir de la segunda mitad) y XXI es su variedad de posibilidades y soportes. La pintura y la escultura, formas de creación artística básicas en el pasado, se complementan ahora con la performance, el videoarte, la fotografía o la instalación.

El poder del arte recoge esta multiplicidad creativa y en la sala inferior del Congreso (un sótano que hace apenas unos meses se utilizaba como almacén de muebles) se ha habilitado una pequeña sala de exposiciones que alberga obras tan heterodoxas como Ficciones anfibias, de María Ruido, un vídeo que analiza los cambios sociales, económicos y emocionales que las nuevas condiciones de producción han impuesto al trabajo textil tradicional; La guerra ha terminado, una serie de fotografías de Txomin Badiola que muestra a jóvenes orientales en el acto de vestirse y desvestirse; o la proyección anteriormente mencionada de Antoni Muntadas, Portrait, un vídeo que muestra, a cámara lenta y a lo largo de 10 minutos, los movimientos de manos de un político anónimo durante un discurso.

Ya en el Senado, las pinturas de corte clásico y temática histórica que ocupan las paredes del lugar de forma permanente contrastan con las obras contemporáneas colocadas por el Museo Reina Sofía con motivo de la exposición. Uno de los primeros lienzos con los que el visitante se topará a su entrada a la Cámara Alta será Pintura (Gente corriendo), un cuadro de Juan Genovés que muestra, como si fuera una fotografía periodística, a un grupo de personas perseguidas por las fuerzas del orden durante una manifestación antifranquista.

Fotografías de los agitados años 80 madrileños también gozan de una importante presencia en la exposición, pues imágenes de grandes nombres como Alberto García-Alix o Miguel Trillo se exhiben en los pasillos del Palacio del Senado. Encarando el final del recorrido, la muestra El poder del arte presenta un amplio corredor que alberga una serie de lienzos interesantes y con multiplicidad de temas, como la idea de feminidad y la figura de la madre, con obras de Patricia Gadea o Elena del Rivero, o los paisajes y tradiciones de nuestro país, con obras de Menchu Lamas, Antón Lamazares o Miquel Barceló.

Una de las obras en las que más hincapié hace Joao Fernandes durante la presentación de El poder del arte es Antígona, de Elena Asins, un vídeo que la artista madrileña no pudo llegar a finalizar a causa de su fallecimiento en el año 2015. La obra de Asins reflexiona sobre cómo las leyes, acatadas de forma obsesivamente dogmática, pueden llegar a aprisionarnos. Para ello toma como ejemplo la figura de Antígona, el mito que decidió no acatar las leyes del Estado y seguir su propia normal moral. Tristemente, inclinarse por lo que ella entendía como justo, desobedeciendo así las leyes establecidas por la ciudad griega de Tebas, acabó costándole la vida.

Este reportaje se publicó en el número 103 de la revista ‘Conocer’ (enero de 2019). La revista ‘Conocer’ es una publicación que pertenece al Grupo Social ONCE, y sólo tienen acceso a ella los socios de la ONCE.

Las ciudades del Mundial de Rusia

11 ciudades y doce estadios diferentes albergarán los partidos del próximo Mundial de Rusia.

El próximo 14 de junio comenzará en Rusia la Copa Mundial de Fútbol 2018, lo que convertirá a esta edición en el primer Mundial de fútbol que se celebra en un país de Europa oriental. Los partidos del torneo se repartirán en doce estadios de 11 ciudades diferentes. Los encuentros inaugural y final tendrán lugar en el Estadio Olímpico de Luzhnikí, un recinto con capacidad para 80.000 espectadores situado en Moscú.

En total se han escogido 11 ciudades rusas para que se disputen los partidos, todas ellas ubicadas en la parte europea de Rusia salvo Ekaterimburgo, que se sitúa en plena frontera entre Europa y Asia, en la zona de los Montes Urales. Es en Moscú será donde se encuentran dos de los estadios principales, el Estadio Olímpico de Luzhnikí, el más grande de Rusia, y el Otkritie Arena, de tamaño notablemente menor. El resto de emplazamientos varían entre grandes ciudades como San Petersburgo o Kazán, y otras menos pobladas y conocidas al estilo de Saransk o Ekaterimburgo.

Kaliningrado, a su vez, es interesante por su ubicación: es una ciudad rusa que no está en Rusia, sino en un territorio aislado entre Lituania y Polonia, dos países pertenecientes a la Unión Europea. Kazán es también una localidad atractiva para visitar, pues su carácter universitario y su mezcla de culturas la convierten en una ciudad animada y moderna. En Saranks, una urbe de apenas 300,000 habitantes, se ha construido un estadio de 44 mil espectadores con gradas fácilmente desmontables para que así, una vez finalizado el torneo, no queden en desuso edificios gigantes como a modo de recuerdo decadente.

Asimismo, Sochi, que en 2014 albergó los Juegos Olímpicos de Invierno, posee un moderno estadio dotado de una apariencia peculiar, pues está construido de tal manera que se abre en su cara norte hacia las montañas de Krásnaya Poliana y hacia el sur al Mar Negro. Casi mil kilómetros más al norte se halla Volgogrado –antigua Stalingrado–, una ciudad conocida porque en ella se libró una de las batallas más crueles entre tropas soviéticas y nazis durante la II Guerra Mundial.

Este artículo, que se publicó en VIAJAR justo antes del comienzo del Mundial, llevaba incluido un vídeo y una galería donde se explicaba, de forma breve, las características de cada ciudad. Puedes leerlo completo aquí